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MINERÍA Y EL RECURSO AGUA A NIVEL DE CUENCA: OPORTUNIDAD DE CREAR VALOR COMPARTIDO

Por: Fernando Rodríguez Rossi, gerente y Consultor Líder de RDZ Consulting y Jorge Chávez Blancas, gerente general de EnvPhys.


El agua, es sin lugar a duda el aspecto ambiental minero más importante en la relación con las comunidades vecinas y con el público en general. El agua, al ser un recurso escaso, compartido y su acceso un derecho, es motivo de conflictos sociales, controversias e inclusive politización de la gestión en algunos casos. Por otro lado, es un activo en sí y un valor que puede generar múltiples oportunidades de beneficios colectivos a todos los usuarios en una cuenca. 

El sector minero está evolucionando hacia una cultura de responsabilidad social y ambiental integral, que busca contribuir al desarrollo sostenible y, en este camino, el recurso agua resulta ser fundamental. La implementación de nuevas tecnologías persigue minimizar el uso del recurso, especialmente en áreas de escasez (con agua de mar, captura de agua de lluvia, recirculación y reciclaje, utilización de relaves semi-secos o secos, por mencionar algunos casos), dejando un claro ejemplo que el recurso agua es un aspecto determinante en el análisis de decisión de un proyecto.

Adicionalmente, la industria minera requiere demostrar este compromiso de una manera cuantificable y comparable frente a estándares y mejores prácticas aplicables en el plano internacional.

En este artículo haremos una revisión de los principales aspectos relacionados a la gestión del agua en operaciones y proyectos mineros, y se presentarán los principales estándares y buenas prácticas internacionales. Se buscará resaltar la importancia de establecer un enfoque de gestión del agua en minería, compartiendo los desafíos que enfrentamos, los éxitos y las lecciones aprendidas de aquellas empresas que ven al recurso como un activo que va más allá del cerco perimétrico de su propiedad, abordando sus riesgos y aprovechando las oportunidades compartidas.

La industria minera solo utiliza el 2% del agua consumida en el país y posee el mejor índice de eficiencia; sin embargo, la percepción de la población en general es que el porcentaje es mucho mayor. Es cierto que el consumo de una operación puede representar un porcentaje mayor dentro de algunas cuencas específicas, pero como veremos en un ejemplo más adelante, el consumo en las operaciones mineras es muy inferior al utilizado por ejemplo en la agricultura (80%)1.

La importancia del abastecimiento se incrementa si consideramos el cambio climático que, si bien no necesariamente significa que habrá menor disposición de agua en todas las zonas del país, sí existirán algunas áreas con menor cantidad de recursos y, sobre todo, afectará la oportunidad de la disponibilidad.

El sector minero es consciente de esta situación y aplica una serie de estrategias para minimizar el consumo de agua fresca en las operaciones, entre las cuales se encuentran además del aumento de la eficiencia en su uso:

ν La recirculación, reciclaje y reúso del agua de procesos y efluentes.

ν El uso de agua de mala calidad en la cuenca.

ν El uso de agua de mar ya sea a través de un proceso de desalinización o su utilización directa sin tratamiento en el procesamiento minero.

Asimismo, el sector ha desarrollado para la gestión del agua una serie de estándares y principios, así como procedimientos para su contabilización y requisitos para el reporte de indicadores relacionados a esta en las operaciones mineras.

Estrategias de minimización de consumo de agua fresca

Uno de los argumentos utilizados por los grupos antimineros se centra en resaltar la cantidad de agua necesaria para poder obtener un gramo de oro o libra de cobre2. Estas afirmaciones si bien pueden ser efectistas, ocultan que la gran mayoría de ese volumen de agua no es agua fresca, sino recirculada, reciclada o proviene de un efluente reusado. 

Recirculación y reciclaje de agua

La recirculación de agua de proceso es ya una estrategia estándar utilizada en toda operación, ya sea un proceso de flotación o de lixiviación.

En el caso de la lixiviación, la solución pobre resultado de la extracción, es acondicionada para ser enviada nuevamente al ciclo de lixiviado. La necesidad de utilizar agua fresca puede restringirse a la preparación de reactivos si se logra un adecuado balance para obtener un circuito cerrado. Dependiendo de las condiciones climáticas del emplazamiento y del manejo de la evaporación e infiltración, puede reducirse el consumo de agua fresca en un alto porcentaje.

En el caso de la flotación, también se puede lograr un alto grado de recirculación de agua, pese a que se registran pérdidas debido a la humedad que mantiene el concentrado obtenido.

Reúso de efluentes

La legislación peruana permite el reúso de efluentes para el mismo fin del derecho de uso de agua y hasta el monto del derecho. El reúso de los efluentes puede ser para el proceso minero o para actividades de control de polvo. Esta estrategia disminuye no solo el consumo de agua fresca, sino que también reduce los efluentes de las operaciones mineras, reduciendo el impacto ambiental sobre la calidad de los recursos hídricos superficiales.

Existen ejemplos que vale la pena mencionar, ya que no solo utilizan sus efluentes, sino los efluentes de pasivos ambientales mineros o de ciudades como es el caso de las operaciones de Toromocho y Cerro Verde, respectivamente.

De acuerdo con el EIA, las cinco fuentes primarias de suministro de agua para el proyecto Toromocho son la Planta de Tratamiento de Aguas del Túnel Kingsmill, el Túnel Vulcano, el reciclaje de agua desde la concentradora y el depósito de relaves, captación de aguas pluviales y extracción de agua de pozos. El Túnel Kingsmill es uno de los pasivos ambientales más importantes del país, el efluente alcanza un caudal de hasta 1.2 m3/s y presenta elevadas concentraciones de metales y sulfatos. Durante años, este efluente sin tratamiento descargó hacia el río Yauli. Finalmente, se construyó una planta que trata estos efluentes, que se utilizan como fuente de abastecimiento de agua de proceso.

Otro ejemplo importante de reúso de efluentes es el que proporciona la Sociedad Minera Cerro Verde. Los efluentes de la ciudad de Arequipa eran descargados sin tratamiento al río Chili. Cerro Verde firmó un acuerdo con las autoridades para financiar los estudios de factibilidad, ingeniería, construcción, operación y mantenimiento del sistema de tratamiento de aguas residuales. La capacidad de diseño de la planta es de 2.4 m3/s y está planificada para cubrir las necesidades hasta el 2043. De las aguas tratadas por la planta PTAR La Enlozada, 1 m3/s es derivado para abastecer las operaciones de Cerro Verde. El resto del agua tratada se descarga al río Chili.

Ambos casos son buenos ejemplos de cómo la minería puede cubrir el abastecimiento de agua de sus operaciones reduciendo a la vez los impactos ambientales del recurso superficial. 

Uso de agua de mala calidad en la cuenca

No toda agua natural es de buena calidad. Hay ríos que poseen una calidad no apta para el consumo humano o para uso agrícola o ganadero, pero que pueden ser utilizados para el abastecimiento de operaciones mineras. Existen dos ejemplos interesantes del uso de agua de mala calidad para el abastecimiento de operaciones en el país.

El proyecto Quellaveco ha propuesto en su EIA como abastecimiento de agua dos fuentes superficiales, las aguas del río Titire y un reservorio que se construirá en el río Vizcachas. Aproximadamente el 82% del promedio anual de la demanda del proyecto se obtendrá del río Titire que posee una mala calidad de agua. El proyecto considera la construcción de un reservorio en el río Las Vizcachas de 80 Mm3 de capacidad con el fin de proporcionar no solo agua al proyecto sino también con fines de compensación ambiental por el flujo sustraído del río Titire. Esta compensación genera un efecto positivo en la calidad del agua del río Tambo, ya que se reemplaza agua de mala calidad por recursos de buena calidad en la cuenca.

Pero no solo se puede utilizar agua superficial de mala calidad, también puede usarse agua subterránea de mala calidad. Éste es el caso del proyecto Zafranal, que propone utilizar como fuente principal de abastecimiento, el agua subterránea del área de Majes en Arequipa. El proyecto Majes utiliza agua superficial proveniente de las cuencas altas de los ríos Colca y Apurímac, la cual es conducida hasta el área de Majes a través de un sistema de distribución. Es decir, el proyecto Majes no utiliza el agua subterránea para su abastecimiento, por lo que la propuesta de Zafranal no entra en conflicto con el uso de agua en dicha área.

En realidad, las deficiencias de la gestión del agua en la zona de Majes hacen que anualmente se infiltre una gran cantidad de agua hasta alcanzar el nivel freático. Durante su camino disuelve las sales de suelo incrementando la salinidad del agua subterránea. El volumen que alcanza el nivel freático es de tal magnitud que el proyecto Zafranal requiere solo un porcentaje pequeño de la infiltración anual del área En realidad, la infiltración es de tal magnitud que podría abastecer a 10 proyectos de las características de Zafranal. 

Uso de agua de mar

Los proyectos mineros pueden utilizar el agua de mar directamente, desalinizada o una combinación de ambas. En Chile los proyectos que usan agua de mar desalinizada son bastante comunes, sobre todo en el norte del país, donde hay una escasez notoria, y la aprobación de uso de agua continental en zonas desérticas es poco probable.

En estos casos normalmente se realiza la desalinización por ósmosis inversa en la costa y luego se bombea el agua hasta las operaciones. De esta manera, la salmuera puede ser eliminada en el mar, y el bombeo presenta menores desafíos que el bombeo de agua de mar.

Este tipo de abastecimiento debería ser el preferido para proyectos que se ubiquen en la costa. En el caso de Chile incluso operaciones en altura se ven obligadas a utilizar el agua de mar como fuente de abastecimiento, ya que normalmente no existen otras fuentes disponibles o no se otorgan derechos de extracción para nuevos proyectos mineros.

En el Perú los casos más conocidos de utilización de agua de mar desalinizada son la operación de Cerro Lindo, Mina Justa y el proyecto Tía María. Mina Justa tiene como fuente de abastecimiento agua de mar que es bombeada a través de una tubería de 39 km hasta el área de la mina, donde es desalinada en una planta de ósmosis inversa con una capacidad de tratamiento de 180 m3/h, que suministra agua a las operaciones y a la planta de tratamiento de agua potable para el consumo doméstico. Mina Justa, además evitará la generación de efluentes mediante el reúso de los residuos domésticos, luego del tratamiento y el uso del rechazo de la planta para las medidas de control de polvo.

La importancia del balance de agua

Una operación minera necesita agua para el procesamiento, por ende, requiere encontrar la fuente, extraer los recursos y almacenarlos, para luego utilizarlos en el proceso minero, en actividades de control ambiental, en uso administrativo/doméstico, maximizar la recirculación y reúso y, finalmente, descargarlos tras el tratamiento respectivo. Estas actividades deben complementarse cuantificando los flujos y las pérdidas por factores climáticos como las precipitaciones o evaporación. Todos estas variables y componentes requieren afrontar la gestión del agua bajo un proceso sistematizado que los mineros llamamos el “balance de agua”. 

El balance de agua debe predecir el comportamiento de una operación, de manera que permita tomar decisiones en función de los resultados de simulaciones de diversos escenarios. Asimismo, posibilita conocer los requerimientos futuros para la gestión del agua, dimensionar canales, pozas y plantas de tratamiento.

Para que un balance sirva a las empresas mineras en la gestión del agua de manera efectiva debe poseer ciertas caracteríticas mínimas:

ν Debe ser integral e incorporar todos los procesos e instalaciones de una operación. 

ν Debe estar basado en mediciones. Muchas veces se preparan balances de agua que incluyen flujos que son estimados o calculados. Es importante que se implementen instrumentos de medición de flujos para poder sustentar adecuadamente el balance requerido.

ν Ser predictivo, ya que si no posee la capacidad de predecir, no podrá cumplir con el objetivo de apoyar en la toma de decisiones.

ν Debe ser estocástico, es decir probabilístico, y que brinde información sobre la probabilidad de los resultados, tomando en cuenta la incertidumbre. Esta característica es fundamental si deseamos tomar decisiones basadas en riesgo.

No podemos gestionar lo que no conocemos, y por esta razón el balance de agua es una herramienta fundamental para la gestión de los recursos hídricos. En tal sentido, los estándares que veremos más adelante lo toman en cuenta. 

Mejores prácticas internacionales de gestión de agua en minería

El sector minero es consciente que una minería sostenible y exitosa en las siguientes décadas requerirá más que nunca un concepto transversal e integrado de mejora continua en la gestión del agua en las cuencas donde opera. La buena noticia es que ya existen asociaciones y gremios internacionales que cuentan con principios, guías, mejores prácticas y estándares de responsabilidad en la gestión del agua a lo largo del todo el ciclo de vida, y respaldados por una combinación de herramientas para realizar revisiones independientes de terceros que identifiquen brechas, oportunidades de mejora y verifiquen un adecuado progreso de la implementación. 

El Consejo Internacional de Minería y Metales 

De todas las asociaciones mineras internacionales que fomentan el establecimiento de una cultura de responsabilidad minera, sobresale ampliamente el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM3, por sus siglas en inglés). Conformado por las más grandes corporaciones mineras del mundo y asociado con los gremios de los países mineros (en el caso del Perú, la Sociedad Nacional de Minería Petróleo y Energía es socio estratégico), ha establecido principios claves y expectativas de desempeño sostenible que son un referente para las evaluaciones de aspectos ESG4 (Ambientales, Sociales y Gobernanza, por sus siglas en inglés), utilizadas por inversionistas, bancos y mercados financieros cuando analizan criterios de sostenibilidad minera. 

Estos principios y expectativas vienen acompañadas de declaraciones de posición, estándares y guías que, en temas ambientales, incluyen aspectos de gestión de agua y otros directamente relacionados como el cambio climático, la biodiversidad, gestión de relaves y cierre de minas. Es importante resaltar que, la única empresa minera de accionistas peruanos que actualmente ha obtenido la membresía es Minsur5. Las operaciones y nuevos proyectos de las transnacionales que operan en el país, como Anglo American, Barrick, Freeport-McMoRan, Glencore, Gold Fields, MMG, Mitsubishi, Newmont, Rio Tinto, Teck y Vale, también son miembros activos. 

El ICMM aborda le gestión responsable del agua bajo un enfoque sistematizado y es el componente ambiental que más ejemplos, mejoras prácticas y guías tiene de todos los principios. A continuación, presentamos nuestra interpretación de estas prácticas, las cuales se muestran en la Figura 2, como un resumen de la estructura de gestión del agua que propone el ICMM para toda empresa que busque abordar el manejo hídrico bajo un enfoque sistémico y de liderazgo. 

El ICMM tiene, como meta aspiracional, posicionar a la minería como el mayor referente de responsabilidad social de la industria en general, promover el desempeño ambiental sobresaliente, y convertirse en un claro contribuyente activo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas. 

Para lograr este compromiso, se establecen 10 Principios de Minería Responsable, siendo uno de ellos, el número 6, el que se enfoca en desarrollar expectativas de desempeño ambiental. Dentro de este principio, se incluyen las prácticas de gestión del agua, presentadas bajo una estructura de tres elementos principales:

1. Gobernancia en el manejo del agua.

2. Uso responsable del recurso.

3. Enfoque colaborativo en la cuenca. 

Gobernancia

Todo programa de gestión de agua responsable en una organización minera requiere del establecimiento de compromisos y una posición de liderazgo por parte de la alta gerencia. Normalmente estas se ven reflejadas en enunciados de políticas de gestión de la empresa (de medio ambiente o específicas del recurso hídrico) o declaraciones de posición que establecen como mínimo lo siguiente:

ν El manejo del agua se incluye en las decisiones estratégicas de una operación o nuevo proyecto. 

ν La gestión del agua requiere presupuestos asignados, roles y responsabilidades claras.

La gestión del agua en una operación o proyecto minero conlleva la identificación y evaluación de indicadores de desempeño, que en la mayoría de los casos son de carácter cuantitativo. Es por esa razón que la alta gerencia debe definir indicadores de desempeño en la gestión del agua como un sub-elemento de los indicadores claves del negocio y, estos a su vez, deben de ser adecuadamente comunicados y reportados, de manera interna y también a las partes interesadas. 

Uso responsable del agua

El ICMM exige a las empresas mineras miembro que implementen y mantengan actualizado un balance de agua del proyecto o unidad operativa, considerando los estudios hidrológicos e hidrogeológicos correspondientes y en base al íntegro de la información meteorológica disponible y representativa a toda la cuenca dentro del área de influencia. El balance de agua es una herramienta fundamental para toda empresa minera que tenga en mente implementar un manejo responsable de este recurso. Los beneficios son significativos, ya que es el medio para poder:

ν Mejorar la eficiencia en el consumo del recurso hídrico en la cuenca.

ν Optimizar prácticas de derivación de agua de no contacto.

ν Sacar provecho de oportunidades para reusar/recircular la mayor cantidad de agua.

ν Reducir costos de extracción, demanda y tratamiento de agua.

Para que el balance de aguas permita generar resultados predictivos confiables, la información que lo alimenta debe de ser de calidad; es por esa razón que el ICMM reitera la importancia de contar con buenos sistemas de medición de los principales flujos de la operación, que reduzcan las incertidumbres y aseguren la confiabilidad del modelo de balance de aguas. 

Cuando una organización controla de manera consistente el balance de agua, es decir, lo que entra, lo que se almacena, lo que se pierde, lo que se reutiliza y lo que sale, cuenta con todos los elementos para poder medir una “línea base” de consumo y eficiencia en el uso del agua y, de esa manera, determinar mejoras que permitan establecer indicadores de desempeño. 

Los indicadores de gestión responsable del agua no solo se basan en consumos y eficiencias, sino que también ponen especial énfasis en criterios de calidad, elemento de importancia trascendental para el sector cuando se considera que la operación minera tenga la necesidad de realizar descargas de aguas tratadas en una operación. El ICMM exige mantener un programa de monitoreo de calidad y cantidad de efluentes de acuerdo con los compromisos ambientales y requisitos internos aplicables, considerando la ubicación, descripción, parámetros y calidad del cuerpo receptor antes y después de la descarga. 

De igual forma, no es de menor importancia el programa de monitoreo de agua subterránea en pozos que debe ser un proceso estandarizado en toda operación y/o proyecto, que permita evaluar la calidad y los niveles de agua subterránea en la cuenca del área de influencia y detectar oportunamente los cambios relacionados a las operaciones y/o fluctuaciones estacionales.

Enfoque colaborativo

El ICMM viene aplicando un enfoque innovador para la definición de criterios de medición y reportabilidad del desempeño en la gestión del agua en las empresas, solicitando a los miembros que no solo reporten indicadores de eficiencia y de reducción de consumos o cumplimiento de requisitos de calidad del agua de descarga, sino que además públicamente se mencionen los riesgos, las oportunidades y las acciones que realiza la operación o proyecto con relación a los recursos hídricos.

Sin duda, este enfoque lo que busca es generar un marco común de referencia y entendimiento con las partes interesadas y comunidades alrededor de un proyecto minero y, de esa forma, establecer mecanismos de colaboración con otros usuarios del agua en la cuenca dentro del área de influencia, para entender sus necesidades y prioridades, compartir planes y cooperar en la gestión de los riesgos. 

En resumen, estos tres elementos de enfoque en la gestión del agua que fomenta el ICMM, provienen de enunciados a nivel de establecimiento de compromisos generales que permiten trazar una visión y definir estrategias responsables de gestión del agua; sin embargo, no necesariamente permiten a las operaciones mineras aterrizar estos conceptos a sus propias realidades y problemáticas. Es por esa razón que el ICMM decidió complementar estos compromisos con guías de implementación (Figura 3) para ofrecer a los operadores mineros procedimientos más detallados de los pasos a seguir para construir procesos exitosos de gestión del recurso, y además proporcionarles ejemplos y/o buenas prácticas de las empresas miembro aplicadas en diferentes partes del mundo. En la actualidad el ICMM ha desarrollado tres guías, accesibles de manera publica en la página web del consejo.

La primera de estas guías, denominada Gestión del agua en la cuenca de captación, presenta de manera sistemática la forma de identificar, evaluar y responder a los riesgos y oportunidades del manejo del agua que se puedan presentar en una cuenca de captación. El concepto de determinar la extensión de lo que vendría a ser el área de influencia de un proyecto u operación minera dentro de la cuenca tiene varias complejidades y, en ese sentido, esta guía concentra un esfuerzo importante de definirlo en detalle. De igual forma, este documento describe paso a paso cómo determinar estrategias, actividades y tareas de mitigación de posibles riesgos y cómo sacar provecho de las oportunidades que apunten a generar un valor compartido del recurso. 

La guía de Reportabilidad del agua de manera consistente, es un esfuerzo destacable del ICMM por estandarizar conceptos y alinear diferentes metodologías de reporte de indicadores de gestión del agua. El documento se centra en consolidar las herramientas establecidas por:

ν Carbon Disclosure Project CDP6 – Capítulo de agua.

ν CEO Water Mandate7

ν Global Reporting Initiative GRI8 – Guía de reporte de agua. 

Finalmente, la guía de Ejemplos colaborativos de gestión de agua presenta una serie de casos prácticos de esfuerzos de gestión multisector, realizados “fuera de los límites físicos de una mina”, que permiten generar transparencia y confianza con todas las partes interesadas de un nuevo proyecto minero u operación, alineando objetivos y viendo al agua como un activo valioso que puede generar beneficios para todos: la empresa minera, los usuarios, los agricultores, las autoridades, los consumidores y las comunidades; además de permitir a los usuarios adaptarse a los potenciales efectos del cambio climático, entre muchos otros beneficios. 

Mejores prácticas de transparencia y reportabilidad. Objetivo: generar mayor confianza

Un mundo cada vez más dependiente de la tecnología y más interconectado que nunca (acelerado aún más como parte de la nueva normalidad en épocas de pandemia) conlleva a que las comunidades y partes interesadas de un proyecto minero requieran mucha más información sobre los beneficios que este genera, los desafíos que enfrentarán y cómo piensan trabajar de manera colaborativa en la búsqueda de beneficios mutuos. Para poder ser eficientes en las prácticas de generar confianza y solidificar la imagen empresarial, las compañías deben prestar mucha atención a sus reportes de sostenibilidad, dando un mensaje genuino al mercado de que estos componentes son parte inherente de su cultura corporativa y la nueva forma de operar. 

A continuación, presentamos en la Tabla 1, un cuadro comparativo con cinco empresas líderes en la gran minería mundial que afrontan los riesgos y oportunidades de la gestión del agua con un enfoque de compromiso y liderazgo de la alta gerencia a través de políticas claras, asignación de responsabilidades y presupuestos, estrategias de gestión del agua en todas sus operaciones, y que finalmente les permiten establecer metas medibles y cuantificables. Cabe recalcar que estas empresas también demuestran su compromiso con el agua bajo un enfoque de cuenca de captación, buscando el beneficio colectivo de todos los usuarios. 

La Iniciativa de Reportabilidad Global 

De todas las herramientas para seguir un modelo estandarizado de reportes o informes de sostenibilidad, sobresalen los estándares y guías desarrolladas por la Global Reporting Initiative (GRI)10. Quizás la reportabilidad de indicadores de gestión del agua actualmente representa el componente ambiental más sensible y de mayor interés. 

Una empresa que reporte indicadores de gestión del agua en base a los requisitos del GRI 303, debe de considerar la información presentada en la Tabla 2, con una periodicidad anual.

GRI solicita de igual forma la divulgación de las potenciales fuentes de agua afectadas por la extracción. En la que se debe considerar el número total de fuentes de agua significativamente afectadas por la extracción por tipo:

ν El tamaño de la fuente de agua.

ν Si dicha fuente forma parte de un área protegida a nivel nacional o internacional.

ν El valor para la biodiversidad (como la diversidad y el endemismo de las especies y el número total de especies protegidas).

ν El valor o la importancia de la fuente de agua para las comunidades locales y los pueblos indígenas.

El Certificado Azul de la Autoridad Nacional del Agua

Hay que reconocer y resaltar las mejores prácticas a nivel país también, como es el caso de la iniciativa voluntaria denominada Certificado Azul de la Autoridad Nacional del Agua11, que busca el compromiso de las empresas del sector privado en certificar un sistema o un proceso bien definido de medición de huella hídrica, identificación de brechas y establecimiento de planes de mitigación, adaptación y finalmente de medición y seguimiento en gestión de agua, apuntando hacia un objetivo final de protección de la cuenca en su conjunto. 

Si bien es cierto, aún no vemos muchas empresas de la gran minería adecuándose a estos criterios y apuntando a la certificación, pensamos que esta iniciativa debiera ir creciendo con el concurso de compañías responsables que busquen adherirse, hasta lograr convertirse en un estándar replicable dentro de los siguientes años. 

Reflexiones finales

El agua sigue siendo uno de los mayores desafíos mundiales del Siglo XXI. Fenómenos como la actual pandemia, aumento de la población en zonas de estrés hídrico, mayor requerimiento de agua y el cambio climático tienen como consecuencia una mayor preocupación por el recurso, que genera sensaciones de competencia para los usuarios dentro de una misma cuenca. Estos desafíos hacen que el agua sea tal vez el principal tema de discusión en proyectos mineros y en su relación con comunidades.

Por esta razón es importante que la industria minera busque un enfoque moderno de la gestión del agua. La minería en el país debe afrontar este desafío de manera coordinada y dejar atrás el paradigma de competencia por el recurso con otras actividades, para dar paso a un enfoque de desarrollo de oportunidades comunes, que permitan convertir el agua en un activo colectivo. Esto se logrará únicamente si se posee una visión más colaborativa e inclusiva, y junto con las comunidades, Gobierno y otros sectores, se aborden de manera transparente los temas del uso compartido del agua.

Los ejemplos presentados en este artículo nos permiten ver que el sector minero puede desarrollar este tipo de iniciativas y obtener resultados positivos como infraestructura hídrica potenciada, mejoras en el saneamiento, perfeccionamiento de la gestión del agua dentro y fuera de la malla de la propiedad y un aumento en la cooperación entre los usuarios. 

Utilizar los modelos de liderazgo, gestión y reportabilidad como los propuestos por el ICMM de manera consistente, permitirá sin duda, mejorar la contribución de la minería al desarrollo sostenible y, en especial, el componente agua tiene la responsabilidad de ser la bisagra o piedra angular de este objetivo. 

La minería peruana puede a través de la colaboración apoyar al desarrollo económico, en una sociedad equitativa, ambientalmente sostenible y con agua como activo a futuro y para todos.

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