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LA MINERÍA SOSTENIBLE, MEDIOAMBIENTAL Y CLIMÁTICA

Por: Juan Carlos Llorente, doctor ingeniero de Minas y Energía de España.


Resumen

Este artículo pretende poner en evidencia los actuales conceptos de minería sostenible, medioambiental y climática, y presupone que sus lectores son personas, ingenieros en su mayoría, relacionadas con el sector minero y energético, por lo que los criterios que se exponen, no siempre son coincidentes con el pensamiento al uso, tienen un fundamento real y se prestan a una sana reflexión que permita extraer la conclusiones sobre los conceptos citados y sus posibles soluciones.

Introducción

Cada época ha tenido sus tabúes y sus criterios mayoritariamente aceptados, aunque en muchos de los casos fueran totalmente falaciosos, y eso ha ido cambiando a lo largo de los años bajo el concepto general del llamado progreso social, tecnológico, etc., los cuales han influido de manera decisiva, en muchos casos, en las mentes de las personas en general, en las corrientes científicas, en líneas productivas e incluso en la política a aplicar según los casos, habiendo influenciado decisivamente, unas veces para bien y otras para mal o muy mal, en el desarrollo de la tecnología y en los sectores industriales en general y esto no ha sido siempre para bien, dado que el mezclar la tecnología y el desarrollo sectorial con la política, ya sea nacional o internacional no ha solido, casi nunca, traer nada bueno y con la globalización, las cosas han tomado un cariz, que en muchos casos raya en el libelo.

A lo largo de los años del pasado siglo XX, estos eslóganes conceptuales han sido de todo tipo, tales como, “todo eléctrico”, “todo nuclear”, “todo gas”, etc., etc., mientras que ahora son, “fuera el carbón, el petróleo y el gas”, “todo energías renovables”, “descarbonización de la sociedad”, “economía circular, sostenible, ecológica y respetuosa con el medio ambiente”, y un largo etcétera, diríase que hasta el día de hoy, todos los científicos, ingenieros, hombres de empresa y la sociedad en general, cuando menos, han sido unos necios irresponsables o peor aún, cuando más, unos incompetentes desalmados, que han puesto en peligro la propia existencia del ser humano en la tierra. 

Estos conceptos han satanizado y están satanizando, las tecnologías existentes, por muy perfeccionadas que estén y por mucha capacidad anticontaminante que tengan, incluidas, por supuesto y en primer lugar, todas las actividades del sector minero.

A muchos de nosotros, con una amplia experiencia ingenieril, nos sorprende esta feroz campaña contra todo lo que no sea presuntamente ecológico, como si las demás tecnologías llamadas “renovables y ecológicas” no tuvieran ningún efecto negativo, ya que en realidad también los tienen, lo que sucede, es que en el marco empresarial y económico, se han introducido varios conceptos que pertenecen a la llamada “ingeniería social” y que nada o poco tienen que ver con la verdadera ingeniería y si con las ciencias sociales, tales como “el consenso social”, “los derechos humanos” y un largo etcétera de conceptos reivindicativos, que solo empañan el horizonte real de los países y los sectores productivos, que son los que realmente hacen andar a la economía y la prosperidad real de sus habitantes y que además permiten la mejora de sus infraestructuras, ya sean sanitarias, viales o de otro tipo y la elevación de su nivel de vida.

De esta introducción, lo único a resaltar y retener es que todas las energías y tecnologías existentes, basadas en los combustibles fósiles y a las que se une la energía nuclear, pueden ser tan ecológicas como las denominadas “energías renovables”, con la inclusión en alguna de ellas, de los procedimientos tecnológicos ya existentes, que las hagan igual de “limpias”. 

La mayor prueba de ello, es que esto ya está ocurriendo en la RPC, la India y varios países asiáticos y de Oriente Medio. Por ejemplo, en los Emiratos Árabes Unidos acaba de ponerse en operación la central nuclear Baraka, lo que teniendo en cuenta que en este país producen petróleo y también utilizan energía eólica y solar, es la “prueba del 9” de la posibilidad de que coexistan las tecnologías de producción intermitente de energía con las de producción continua; y es a partir de este punto que entraremos de lleno en los conceptos de las tecnologías aplicables al sector minero general y al peruano en particular.

La utilización de las energías renovables en el sector minero

Todos sabemos que desde el inicio de los tiempos, hace miles de años, la minería junto con la agricultura y la ganadería han venido siendo los tres sectores primarios y la base del desarrollo de nuestras sociedades y solo a finales del siglo XIX es que aparecen las primeras empresas que producen energía eléctrica, tanto hidráulica como con motores Otto que utilizan gas, es decir, que hasta entonces el sector minero utilizaba la tracción animal y el vapor en sus instalaciones, pero al aparecer la energía eléctrica y los motores, empiezan unos cambios que marcarán y aún marcan la evolución de nuestro sector minero.

Llegados a este punto, hay que empezar a considerar dos líneas totalmente diferenciadas, entre lo que son aún hoy las empresas mineras y lo que se pretende que sean en el futuro, ya que no se está dilucidando sobre sus diferentes producciones y métodos productivos actuales, sino sobre su propia idiosincrasia productiva y su rol social, temas estos que nada tienen que ver con el desarrollo empresarial minero, propiamente dicho, ya que el tema del que se trata es que utilizando la implantación de las denominadas “energías renovables” y el “consenso social”, lo que realmente se pretende, es que además de ser empresas mineras, también sean empresas de producción de energía eléctrica, punto este que se tratará, con todo detalle en el siguiente apartado, ya que ahora solo trataremos los tecnológicos.

La aplicación de las “energías renovables” en la minería de los países desarrollados no es un problema, pero los que están en vías de desarrollo o simplemente subdesarrollados, los cuales en su totalidad son naciones productoras pero no consumidoras, parece conducirles y lanzarles hacia un futuro mejor, pero eso es muy discutible del lado de la tecnología, en tanto que las energías hidráulica, eólica y solar, en sus diferentes formas, pueden ser aplicables porque el único problema técnico es la existencia de los ingenieros y técnicos correspondientes, y de eso el Perú tiene de sobra y además muy buenos, cosa que no siempre ocurre. 

En el caso de la energía hidráulica, hace muchos años que se emplean todo tipo de turbinas, incluidas las miniturbinas. En cuanto a la energía eólica, aunque menos usada antaño, ahora con el desarrollo de los nuevos tipos de torres y turbinas, también tiene muchas posibilidades de utilización y lo mismo ocurre con la energía solar en sus diferentes opciones, paneles solares tanto para agua caliente como para producir electricidad, y lo mismo con las instalaciones solares de concentración que sirven para producir vapor y/o electricidad, lo propio se aplica a la bioenergía producida a partir de residuos.

En todos los casos, el problema de la implantación de las llamadas “energías renovables”, no es de índole tecnológica sino económica, problema que solo tiene una solución subvencionada o una inversión de baja rentabilidad y un largo plazo de retorno del capital, a lo que se uniría el plazo de la posible duración de la vida de la mina en cuestión, resumiendo, todas ellas serían inversiones con alto riesgo, a no ser que se tengan en cuenta otros temas que nada tienen que ver con las actividades mineras, como se pondrán en evidencia en el apartado siguiente.

Las implicaciones de las energías renovables en el sector minero

Esta vertiente del tema es muchísimo más complicada en los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, “productores pero no consumidores”, porque en estos casos no solo afecta al tema productivo, al tecnológico o al económico, va mucho más allá, en realidad tiene más que ver con los temas sociales, incluidos los derechos humanos, el papel de las ONGs, el denominado “desarrollo sostenible” y por ende la política en todas sus facetas, la política con mayúsculas, el desarrollo territorial, la distribución de las competencias y toda una pléyade de temas que nada tienen que ver con la minería como sector productivo.

La pregunta que todos nos deberíamos hacer sería ¿en realidad que hay detrás de todo este asunto?, en peruano castizo sería ¿… de todo este roche?, analizando todas las facetas del asunto, aparece un cuadro muy parecido al que pintó el maestro David en 1830 “La libertad dirigiendo al pueblo”, es decir, algo muy definido y a la vez preocupante, cuya posible problemática se esboza a continuación.

Y es aquí donde retomamos el tema de minería sostenible y/o climática que encierra este concepto tan aparentemente inocuo, pues es algo muy sencillo y singular, ya que se trata de que cualquier actividad a la que se aluda debe ser sostenible, y por supuesto incluida en los primeros puestos, la “minería”; esto supone que cuando se habla de desarrollo o crecimiento sostenible, se suele indicar un tipo de desarrollo muy particular en el que sin menoscabo del bienestar actual, las diferentes actividades no comprometan el futuro de la humanidad. En sí mismo, este concepto es, aparentemente, algo altamente positivo, dado que parece querer evitar el hecho de que en un futuro más o menos lejano, la manera en la que se consumen los recursos del planeta pueda agotar definitivamente alguno de ellos o incluso la mayoría o causar al medio ambiente unos daños tan irreparables que condicionen gravemente nuestra supervivencia, lo que demostraría la bondad y altruismo de este concepto, dado que se trataría de salvar al planeta y por ende a la humanidad de los excesos, pero bajo este aparente altruismo se esconde una enorme parcialidad.

Lo primero a tener en cuenta es que la idea del desarrollo sostenible en origen procede de los países desarrollados; puesto que a los subdesarrollados y muchos en vías de desarrollo, ni se les hubiese ocurrido priorizar este tema, pero los países desarrollados los obligan a aceptar este criterio, so pena de ser discriminados en sus exportaciones. Esto es algo muy grave, porque este concepto no tiene en cuenta las diferentes realidades de su grado de desarrollo, y porque muchos de ellos lo que necesitarían sería invertir todos sus recursos en algo mucho más urgente, como es la supervivencia de sus habitantes. 

Lo segundo a considerar es que el concepto de desarrollo sostenible se centra casi exclusivamente en aspectos físicos o medioambientales, dejando a un lado muchas otras consideraciones, como son las económicas, las sociales, las políticas, etc., que conforman la realidad que existe en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, lo que les causa serias disfunciones en su economía y su crecimiento.

Dicho lo anterior, entramos directamente en el caso de la minería, ya que este sector es el más señalado como uno de los peores responsables del llamado “destrozo del planeta”. Para lo cual, empezaremos por decir, que esta es una “acusación falsa”, ya que desde hace décadas las empresas que conforman a nivel mundial el sector “minero formal”, están obligadas en sus correspondientes países a que una vez finiquitada la explotación de una mina, ya sea subterránea o tajo abierto, tienen 

la ineludible obligación de restaurar el entorno para evitar la existencia de un espacio degradado física y medioambientalmente, cosa que no ocurre en el caso de la mal llamada “minería informal”, tipo de minería rapiñera y destructiva, que se da en muchos de los países de Hispanoamérica y Asia, excepción hecha de Australia, Nueva Zelanda y Departamentos franceses de Ultramar, y esto sí que es gravísimo, porque a nadie parece importarle sus consecuencias, ya que lo primero que tendríamos que preguntarnos es quién o quiénes son los beneficiarios de este tipo de minería a la que en lugar de llamarla “minería informal”, habría que llamarla “minería ilegal”, y a la cual nadie parece ser capaz de ponerle coto ni aplicarle medidas drásticas para impedir su existencia, mientras que se permite la satanización de la “minería formal” que sí cumple con las legislaciones que le son de aplicación en los diferentes países productores de materias primas.

Lo más increíble del concepto de ”minería sostenible” es que no parece tener en cuenta la demanda creciente de muchos de los productos mineros, viene impulsada por los propios países que trasforman esos productos en manufacturados y, que en casi todos los casos, son los mismos países desarrollados que iniciaron y sostienen el concepto de “minería sostenible”. Y este tema es harto curioso, ya que los mismos que fuerzan la demanda, son a su vez, los que definen el marco e imponen las limitaciones y las reglas del juego, situación que conlleva a que el sector “minero formal” de los países subdesarrollados y/o en vías de desarrollo sean víctimas propiciatorias de este doble juego por el que te impongo la demanda y las reglas, y como tercer agravio, te impongo los precios, y como corolario, si no cumples con todo este escenario, te limito las compras y por tanto tus exportaciones y por ende creo problemas a tu economía.

En el caso de los países cuyas economías dependen en gran parte de la exportación de materias primas sin elaborar, como sería Perú, este juego puede llegar incluso a crear graves tensiones no solo económicas y de crecimiento, sino de desestabilización política y movimientos sociales de imprevisibles consecuencias, véase algunos parecidos a los de “la agricultura y la ganadería primero”, “no a la explotación minera”, “Perú debe ser un país agrícola y no minero”, etc., a lo que se uniría el tema de la descentralización de las responsabilidades de gestión, véase el caso de que de todos los trámites de la “minería formal” se encarga el Poder Ejecutivo, cuyos ministerios y organismos, les exigen a las empresas ya sean peruanas, extranjeras o participadas, toda clase de permisos, estudios medioambientales, etc., mientras que la “minería informal” es responsabilidad de las regiones, y esto sí que es un serio agravio entre los dos tipos de minería, porque nadie puede eludir el hecho de que la “minería formal” es la que paga el canon minero, que a su vez es, el que permite al Gobierno su distribución a los respectivos estamentos administrativos, mientras que la mal llamada “minería informal” se ejerce sin un control estricto, tanto productivo como económico por parte del Estado, y eso sí que representa una vulneración realmente grave de las reglas de juego de la Ley de Minas y los propios recursos financieros del país.  

Así pues, lo primero a resolver, es la existencia de ese doble tipo de minería, porque las empresas de la “minería formal” tienen absolutamente claro y asumido que de la explotación equilibrada de sus yacimientos depende su continuidad y supervivencia empresarial, y que lo verdaderamente importante es la atracción de los capitales necesarios para continuar la exploración y puesta en funcionamiento de nuevas minas, eso sí, respetando las reglas de juego existentes, cosa que no hacen los que están en la “minería informal” a los que solo les interesa encontrar donde escarbar y sacar algo, si es que lo consiguen.

Otro de los puntos complejos es que, como todos sabemos, la vida de una mina puede ser menor de 10 años, bien sea por su futuro agotamiento o por sus condiciones iniciales, si bien la mayoría duran más de ese periodo, y aquí es donde empieza la nueva filosofía y problemática social consiguiente, que sería la de aumentar su empleo y producción, ya que como hemos dicho antes, una de las maneras de rentabilizar las inversiones en “energías renovables”, cuyo horizonte de vida y de recuperación del capital antes de necesitar una revisión importante es de unos 20 años, y una de las opciones sería la de utilizarlas como elemento de negociación con las comunidades para la prosecución y aceptación de las labores mineras.  

En principio hay que comprender, que la mayoría de las minas actuales y futuras, no suele estar en las cercanías de las ciudades y sí en lugares remotos, y este tipo de tecnologías podría tener un valor importante en las negociaciones y en la mejora de las condiciones de vida del territorio donde se encuentra la mina, lo cual podría satisfacer la demanda de energía eléctrica de las correspondientes comunidades, pero ahí es donde pretendía llegar con esta exposición de motivos, es decir, que la empresa minera dejaría de ser una organización totalmente minera y autosuficiente, para convertirse en una compañía mixta de minería y producción de energía eléctrica, con todo lo que eso comporta de complejo, puesto que entraría de lleno en el tema de ser una empresa de servicio público esencial, lo que la obligaría a mantener, pasase lo que pasase, la producción eléctrica de cara a los consumidores y eso con independencia del tema minero, es decir, que no solo estaría sujeta a la demanda y a los precios del sector minero, sino también a las reglas y precios del sector eléctrico.

Conclusión

Todo lo expuesto, no pretende desautorizar ni menospreciar el uso de las llamadas “energías renovables”, muy al contrario, lo que se ha pretendido es hacer una exposición realista y muy concreta de cuál es el estado de las cosas y sus posibles consecuencias, y esto es así, porque en ingeniería y en la mayoría de las decisiones, hay una frase que lo resume todo perfectamente y es: “que lo óptimo es enemigo de lo bueno”, lo cual supone, que en este caso, lo bueno es una mezcla de todas las opciones, incluida la nuclear, correspondiendo las decisiones de que mezcla de tecnologías usar en cada caso al consejo de administración de las empresas mineras y al mantenimiento previo con todos los implicados para explicar la razón de las decisiones, pero nunca dejar las decisiones al albur de terceros ya sea por motivos políticos y/o sindicales u otros espureos.

Y esa es mi modesta opinión, la cual no tendría duda alguna en defender en cualquier foro al que pudiera ser requerido para explicar, mucho más extensamente, todos los motivos que han aparecido en este artículo.

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