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EL REÚSO DE AGUAS RESIDUALES TRATADAS DE UNA CIUDAD PARA LA OPERACIÓN MINERA DE GRAN ESCALA

Caso de éxito internacional
Por: José Luis Valverde Ortiz, superintendente de Gestión del Agua de Sociedad Minera Cerro Verde.


Introducción 

El crecimiento de la población, el cambio climático, la sequía y otros factores a nivel mundial están afectando la disponibilidad de fuentes sostenibles de aguas limpias y seguras. Como resultado de este fenómeno mundial, la industria del agua está experimentando un crecimiento sin precedentes en los proyectos de reutilización. 

En Perú se ha desarrollado un proyecto ya en operación que está liderando la iniciativa para la aplicación de la reutilización del agua aliviando al Estado y dando solución para la mejora de la salud pública y del medio ambiente, logrando la descontaminación del agua del río donde se vertían aguas residuales sin ningún tratamiento. 

Nos complace mucho presentar este artículo sobre la recuperación y la reutilización del agua que por primera vez se ha implementado en Perú a esta escala con la participación de la empresa privada en un acuerdo Ganar – Ganar con el Estado. El objetivo de este documento es fomentar la reutilización del agua proporcionando la calidad adecuada para un propósito específico, en este caso la minería, obteniendo el permiso social y cumpliendo las condiciones y exigencias medioambientales establecidas por el Estado peruano para lograr la recuperación de la vida en una fuente de vida, el rio de nombre Chili de la ciudad de Arequipa.

Esta experiencia hoy genera confianza y fomenta el crecimiento de los lasos entre la empresa privada y la sociedad, además, este proyecto demuestra que la convivencia entre la minería, la población y la agricultura es viable compartiendo la responsabilidad de cuidar el medio ambiente en beneficio de la calidad de vida.

No podemos dejar de mencionar los avances de la ciudad de Arequipa en lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030 (SDG ciclas en inglés) de las Naciones Unidas con la implementación de este proyecto, y la resiliencia en el ciclo del agua y la sostenibilidad para un ecosistema que da muchos beneficios ya palpables a esa metrópoli en Perú.

Antecedentes 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hacia el 2030 adoptados por las Naciones Unidas en 2015[1] constituyen un plan de acción para la humanidad con el objeto de no dejar a nadie sin acceso a los servicios de agua y saneamiento seguro y transformar el mundo en lugar sostenible dado que todos los caminos hoy nos conducen a la imperiosa necesidad de cuidar el agua y hacer un uso racional y eficiente de ella, lo que de manera natural favorecerá en la recuperación de los ecosistemas que finalmente preservará la vida en el planeta. 

Se han planteado 17 ODS. El número 6[2] busca asegurar la gestión sostenible del agua y saneamiento para todos al 2030, y la gestión de las aguas residuales es clave para lograr este otros ODS: salud, cambio climático, biodiversidad, ciudades resilientes, uso eficiente de los recursos naturales, entre otros.

El reúso del agua es una de las acciones que se viene implementando ya en diferentes partes del mundo como una medida de protección a los ecosistemas y que redunda en la eficiencia del uso de los recursos hídricos.

En esta oportunidad nos sentimos orgullosos de poder presentar el proyecto de recuperación y reúso de las aguas residuales municipales desarrollado en la ciudad de Arequipa, Perú y que ha contribuido en avanzar de manera importante a esta localidad para alcanzar los objetivos de desarrollo planteados, estando tal vez ya cerca de declarar tarea cumplida en cuanto al ODS 6.

Este proyecto se ha logrado gracias al entendimiento y buena disposición de los actores relevantes del desarrollo como son la sociedad civil, las autoridades gubernamentales y el sector privado, en este caso, la empresa Sociedad Minera Cerro Verde apostada en la ciudad de Arequipa.

Localización del proyecto

En el sur oeste de Perú, a una altura de 2,300 m.s.n.m., enclavada en la cordillera de los Andes peruanos, se encuentra la ciudad de Arequipa, con arquitectura colonial española catalogada como patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco, con una población cercana al millón cien mil habitantes para 2019, con un crecimiento urbano y económico en los últimos años que la podrían enmarcar en una pequeña cosmopolita de Perú.

La zona donde se asienta la ciudad es de característica desértica por ser parte de la cabecera del desierto de Atacama, uno de los más áridos y secos del mundo, sin embargo, la urbe logra la vida gracias al río Chili. 

El agua 

El agua que da la vida a este oasis tiene su principal fuente en el río Chili, que nace en las montañas de los Andes, en un área dominada por los volcanes Misti y Chachani, llevando el recurso acumulado en siete represas durante un corto periodo de lluvias, aguas abajo en dirección al océano Pacífico en un recorrido de 180 kilómetros.  

El agua del río Chili es regulada en la séptima represa denominada Aguada Blanca, de donde se descarga por sus compuertas un promedio de 10 metros cúbicos por segundo durante todo el año, caudal que va distribuyendo por varias tomas construidas en su cauce. El caudal de salida de esta represa operada armónicamente con las otras seis, es regulado estratégicamente para atender de manera permanente la demanda poblacional y de las diferentes actividades económicas, tales como agricultura, industria y minería, así como generar energía eléctrica a su paso por seis hidroeléctricas ubicadas estratégicamente a lo largo de su recorrido y así garantizar el desarrollo y la sostenibilidad de la región. Las represas se recargan cada periodo de lluvias entre los meses de enero y marzo[3].

El río 

En la primera parte de su recorrido, a 16 y 26 kilómetros de la descarga de la represa Aguada Blanca están las tomas de derivación hacia cada una de las dos plantas de tratamiento de agua potable de la ciudad; y entre los kilómetros 42 y 50, después del cruzar el área urbana, se encontraban las descargas de cinco colectores de las aguas residuales drenadas.

A partir de este punto las aguas del río Chili con un caudal disminuido a 5 o 6 metros cúbicos por segundo por las derivaciones aguas arriba, recibían entre 1.2 y 1.3 metros cúbicos por segundo de aguas residuales sin ningún tratamiento, lo que lo convirtió en un cuerpo sin oxígeno para la vida y con alta contaminación fecal con elevados índices de coliformes fecales y otros contaminantes que deterioraban la salud y calidad de vida de los pobladores. 

Niveles de contaminación y la salud pública

Los índices de contaminación bacteriológica obtenidos de muestras del agua del río como parte de los estudios ejecutados para el proyecto, arrojaban un millón de coliformes fecales NMP por cada 100 mililitros, así como el contenido de bacterias como Escherichia coli que producen enfermedades gastrointestinales que pueden ocasionar incluso la muerte en niños y adultos con bajas defensas inmunológicas. La DBO superaba los 125 mg/L debiendo ser de 15 mg/L. 

Aguas abajo de las descargas de los cinco colectores de la ciudad, las aguas del río Chili son derivadas hacia la irrigación La Joya donde los agricultores estaban en contacto directo con estas aguas contaminadas, además, dicho recurso es usado en el riego de vegetales que luego llegaban a los hogares arequipeños causando enfermedades gastrointestinales en la población, y en los niños y adultos con bajas defensas, podría ocasionar la muerte.  

Los ancianos que aún viven en la zona baja de la ciudad contaban que en su niñez encontraban peces, ranas y aves, pero hoy (2015) el río está muerto, maloliente y contaminado. Nadie tiene ánimo de acercarse. El río no tiene oxígeno para la vida.

Responsabilidades y planes de solución 

Los sistemas de abastecimiento de agua potable para la población, así como la recolección y tratamiento de las aguas residuales municipales de la ciudad están bajo la responsabilidad del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Arequipa (Sedapar), empresa pública de derecho privado y gestión municipal.  

Sedapar contaba con una sola planta de tratamiento de aguas residuales de los años 60 que para el 2015 solamente podía tratar unos 100 L/s, que representaba menos del diez por ciento de las aguas residuales producidas por la población (1.4 m3/s como caudal promedio al 2015), y el resto de las aguas residuales drenadas de la ciudad, 1.3 m3/s, se conducían mediante cinco colectores para ser descargados aguas abajo en el río Chili generando alta contaminación en sus aguas que todavía tenía usuarios poblacionales y agrícolas aguas abajo.

La empresa Sedapar tenía planeada la construcción de la planta de aguas residuales a finales de la década de los años 90, sin embargo, las bajas tarifas no permitían financiar las obras. 

El estado peruano ya había comprometido a Sedapar a retirar las descargas de las aguas residuales que vertían en el río dados los problemas de salud y medioambientales que se estaban produciendo. El incumplimiento de su plan podía someter a la empresa a penalidades y multas, pero la no contaba con los recursos para dar solución a este problema.

La empresa minera y la expansión de sus operaciones

Los shareholders de la empresa Freeport McMoRan accionista de Sociedad Minera Cerro Verde apostaron por un proyecto de expansión con el objetivo de triplicar la producción de cobre, para lo que comprometieron una alta inversión de capital en el que por supuesto se incluía lo que corresponde a la infraestructura para abastecerse de agua con un requerimiento de un metro cúbico por segundo. 

Después de plantear y estudiar las alternativas para dotar de agua al proyecto, entre las que se estudiaron la captación de agua superficial (río), extracción de agua subterránea, o captar agua de mar y realizar un proceso de desalación, la posibilidad de aportar en la recuperación del río Chili, retirando las aguas residuales sin tratar que se vertían en él, fortaleció la posibilidad de reutilizar el agua residual para la producción como una poderosa alternativa medioambiental sobre los tradicionales proyectos que consideran la extracción de las aguas naturales superficiales o subterráneas[4].

Esta alternativa de reutilizar el agua se viene trabajando en muchos países en el marco de la eficiencia de uso de los recursos y su implementación en este proyecto de Cerro Verde daba la oportunidad para alinearse con los objetivos del milenio planteados en el 2000 y reforzados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU establecidos en 2015.

La licencia social que autorice el reúso del agua residual tratada

El proyecto de reutilización de agua fue analizado por los directivos de Sedapar y socializado con las autoridades y sociedad civil valorando los beneficios para la población y para los objetivos de la empresa minera logrando un acuerdo para su implementación. 

La decisión y negociación de los representantes de Sedapar jugó un papel relevante en la tarea de evaluar la propuesta y valorar los beneficios del proyecto de reutilización de agua residual tratada en momentos que el Estado peruano se esforzaba por atender los problemas de salud de la población relacionados con la calidad de los recursos hídricos y el compromiso de la empresa de agua de Arequipa para eliminar las descargas de aguas residuales de la ciudad en el río fueron las condiciones que viabilizaron el proyecto.

El planteamiento y el acuerdo fue fuertemente socializado con las autoridades y la población bajo las condiciones que la empresa minera financiaría los estudios de factibilidad, la ingeniería y la construcción de la primera etapa de planta de tratamiento de aguas residuales para la ciudad de Arequipa con un horizonte de diseño de 29 años (2015 – 2043) y que en contraprestación, reutilizaría un metro cubico por segundo de las aguas tratadas en su planta industrial (Concentradora N° 2) dando viabilidad a su proyecto de expansión. El resto del agua tratada sería descargada en el río Chili garantizando la calidad ambiental de las aguas superficiales establecidas en las normas y estándares peruanos.

La planta de tratamiento de aguas residuales La Enlozada

En diciembre de 2016 entró en operación formal la primera etapa de la planta de tratamiento de aguas residuales La Enlozada dimensionada para atender el 100% de las aguas residuales que se venían descargando en el río con una proyección de diseño hacia el 2043, es decir, su capacidad de tratamiento podrá atender la producción de aguas residuales considerando el crecimiento poblacional de la ciudad hasta ese año.

La planta es de tratamiento primario y secundario con tecnología de filtros percoladores, y su implementación está planeada en tres etapas, la primera que entró en operación formal el 19 de diciembre de 2016 está recibiendo ahora las aguas residuales que se descargaban el río Chili.

Entrando a los estudios de factibilidad de la PTAR, es relevante mencionar que hubo varios proyectos previos, sin embargo, no pudo realizarse la construcción debido a que los vecinos no quieren una planta cerca.

Uno de los principales puntos a salvar fue la localización de la PTAR. Las alternativas planteadas no pudieron ser ejecutadas al no conseguir el permiso social respecto a la localización. Nadie aceptaba la planta cerca de su vecindario.  

Un estudio final propuso en un área de doce hectáreas a las afueras de la ciudad, detrás de una cadena montañosa, estratégicamente localizada para evitar el malestar de los vecinos, para ello, se debería bombear las aguas residuales aún sin tratar para ganar una altura de 220 m y una distancia de cuatro kilómetros. Con esta propuesta de localización se atendió la principal observación social y se consiguió la licencia para la ejecución bajo las condiciones ya mencionadas.

La PTAR Enlozada ha sido dimensionada para atender el flujo de aguas residuales en un horizonte de diseño de 29 años (2015 – 2043) y su construcción en tres etapas, la primera proyectada hacia el 2029, la segunda hasta 2036 y la tercera hasta 2043 para un caudal promedio de 2.4 m3/s como promedio y 4.8 como caudal máximo (hora punta diario). La tecnología es por filtros percoladores y de tratamiento primario y secundario.

Calidad de las aguas tratadas por la PTAR Enlozada

Los estudios consideraron el cumplimiento de los estándares nacionales peruanos para la calidad del agua tratada (efluente) debiendo cumplir los Límites Máximos Permisibles (LMP) establecidos para que una vez descargada en el río no altere la calidad del Estándar de Calidad de Agua (ECA) Categoría III, que corresponde a un agua apta para riego de plantas y consumo de animales.

Recuperación de las condiciones de vida en el río Chili 

La construcción de la PTAR Enlozada tomó 30 meses fuera de los dos años de estudios de ingeniería. Los parámetros de calidad del agua tratada son controlados estrictamente y desde el fin de la etapa de pruebas operacionales e inicio de la operación se están cumpliendo los estándares establecidos en las normas peruanas.

El río Chili hoy en día, a más de dos años de operación formal de la PTAR Enlozada y de haber retirado la descarga de aguas residuales en sus aguas, ha recuperado las condiciones de vida mostrando una gran mejoría y reducción en contaminación por coliformes fecales, Escherichia coli y contaminación orgánica producto de aguas residuales. Hoy el agua tiene el oxígeno necesario para permitir la vida acuática y han vuelto las truchas y los bagres, las ranas y las aves que le dan vida.

Los parámetros de calidad de las aguas del río Chili antes y después de la puesta en operación de la PTAR Enlozada se muestran en las Figuras 2 a la 5.

Lecciones 

Los beneficios de este proyecto, después de dos años de operación formal, son demostrables con los resultados de calidad de las aguas en el río Chili, la progresiva recuperación de los estándares ambientales para el regreso de la vida acuática y silvestre, la mejora de los estándares de salud y calidad de vida para los usuarios, así como el desarrollo agrícola debido a la posibilidad de regar con aguas aptas, dando la oportunidad para la exportación de estos productos.

Los resultados muestran que la participación de la empresa privada es una buena alternativa para proyectos de reúso, aliviando costos a las empresas de agua y mejorando la calidad de vida y ambiental en la población.

Se ha logrado la descontaminación del río Chili y la empresa privada ha logrado implementar su proyecto de expansión para triplicar su producción de cobre lo que también representa un gran aporte para el desarrollo económico y el mejoramiento de la calidad de vida para los pobladores de Arequipa.  

La empresa privada Sociedad Minera Cerro Verde también ha logrado obtener una posición medioambientalmente responsable, lo cual es reconocido por la población de Arequipa y fortalece las relaciones y la convivencia de ambos. 

El proyecto La Enlozada y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Este proyecto contribuye a alcanzar el ODS 6: Agua limpia y saneamiento, que busca asegurar la gestión sostenible del agua y saneamiento para todos al 2030, a través del cumplimiento de las siguientes metas:

Meta 6.2. De aquí a 2030, lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad.

La ciudad de Arequipa cuenta la infraestructura de tratamiento para el 100 % de aguas residuales producidas en la ciudad. La cobertura actual de alcantarillado es de 81%, según reporte de Sedapar a diciembre de 2018. Toca completar las redes de alcantarillado para mejorar la cobertura. 

Meta 6.3. De aquí a 2030, mejorar la calidad del agua reduciendo la contaminación, eliminando el vertimiento y minimizando la emisión de productos químicos y materiales peligrosos, reduciendo a la mitad el porcentaje de aguas residuales sin tratar y aumentando considerablemente el reciclado y la reutilización sin riesgos a nivel mundial.

La Enlozada ha logrado que se retiren los vertimientos de aguas residuales de la ciudad en el medio ambiente.

Meta 6.4. De aquí a 2030, aumentar considerablemente el uso eficiente de los recursos hídricos en todos los sectores y asegurar la sostenibilidad de la extracción y el abastecimiento de agua dulce para hacer frente a la escasez de agua y reducir considerablemente el número de personas que sufren falta de agua.

La recuperación del agua residual y su reúso contribuyen en el uso eficiente de los recursos hídricos evitando la utilización de agua fresca. 

Meta 6.5. De aquí a 2030, implementar la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza, según proceda.

La PTAR Enlozada, como parte del ciclo del agua en Arequipa contribuye en la gestión integrada del recurso.

Meta 6.6. De aquí a 2020, proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos.

La PTAR Enlozada da la oportunidad de reestablecer el ecosistema en el río Chili. 

Meta 6.6a. De aquí a 2030, ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo para la creación de capacidad en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento, como los de captación de agua, desalinización, uso eficiente de los recursos hídricos, tratamiento de aguas residuales, reciclado y tecnologías de reutilización.

La participación de la empresa privada y el aporte para la construcción y operación de la PTAR La Enlozada alivian al Estado, logrando un avance significativo en el uso eficiente de los recursos hídricos.

Bibliografía

[1] Naciones Unidas/CEPAL. 2019. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: una oportunidad para América Latina y el Caribe. Objetivos, metas e indicadores mundiales.

[2] United Nations. 2018. “Sustainable Development Goal 6. Synthesis Report 2018 on Water and Sanitation”.

[3] Autoridad Nacional del Agua ANA. 2015. “Plan de Gestión de los Recursos Hídricos de la Cuenca del Quilca Chili - ANA - 2015 vol 1.pdf,” Autoridad Nacional del Agua (ANA) - Peru, Arequipa.

[4] The World Bank Group. 2020. “Wastewater: From Waste to Resource. The Case of Arequipa - Peru,” Waster Glob. Pract., pp. 1–6.


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