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EL DIFÍCIL ARTE DE TOMAR DECISIONES

Por: Ing. Walter Casquino, profesor de Ingeniería de Minas, Universidad Continental. 

Introducción

En función del tema y de la oportunidad, las decisiones que tomamos pueden ser de naturaleza rutinaria o de significativa trascendencia. Para ello, contamos con diversos recursos y procedimientos que nos ayudan a actuar en forma personal o de conjunto y que trataremos de desarrollar. 

Centrándonos en el mundo de los negocios podríamos decir que existen dos escenarios definidos: el sistema discrecional y el sistema no discrecional. El primero utiliza prioritariamente la discreción, el raciocinio o el juicio personal que, a su vez, dependen en gran medida, de la escuela y los valores aprehendidos en la experiencia de vida. 

El camino no discrecional se orienta a cumplir normas y reglamentos existentes, que facilitan la toma de decisiones. Sin embargo, es imposible pensar que todas las decisiones pueden sistematizarse, ya que siempre surgirán nuevas y sorpresivas condiciones externas. 

En el mundo moderno, la imagen y la reputación social tienen creciente valoración económica, que depende de factores subjetivos como la ética, la equidad, la sostenibilidad, la participación pública, el cuidado ambiental y la responsabilidad e inclusión social. 

El mundo no discrecional

El objetivo del mundo no discrecional es alinear comportamientos para lograr acciones deseables de un determinado conjunto de personas. Esta metodología ha sido aplicada desde tiempos inmemoriales, yendo desde los Diez Mandamientos divinos hasta los nuevos protocolos de bioseguridad, pasando por la Constitución, el código civil, el código penal y el código administrativo, que constituyen la jurisprudencia destinada a vigorizar conductas convencionales y moderar las desviaciones sociales. 

Considerando que muchas de las condiciones sociales son efímeras y variadas, estas normas deben ser revisadas y actualizadas continuamente, lo que es poco usual. Por ello, su aplicación deviene pronto en redundancia y rigidez, dando origen al estilo burocrático de gestión que ha resultado en la conocida “tramitología” que intenta tener un procedimiento preestablecido para toda actividad y que lamentablemente, es característico de las organizaciones públicas. El marco normativo social es muy útil para la toma de decisiones, pero requiere ser continuamente evaluado y modificado para asegurar su aplicación eficaz. 

El mundo discrecional

Por el contrario, en el mundo discrecional se confía plenamente en la capacidad personal para resolver problemas. Se puede diferenciar los métodos discrecionales cuantitativos y cualitativos. En los primeros recurrimos a los números que le dan, en algunos casos, cierta inflexibilidad al procedimiento, pero eso depende del gestor.

El sistema discrecional cuantitativo

En este esquema cuantitativo se incluye a la contabilidad, que en forma precisa, presenta los egresos e ingresos del pasado (estados financieros), lo que nos permite presagiar, con mucha menor precisión, los resultados esperados de ingresos y egresos del futuro, que forman el escenario financiero. Dependiendo de la importancia que le demos a los criterios económicos, estos ejercicios numéricos tienden a ser concluyentes o referenciales en el proceso de toma de decisiones.

En la misma categoría cuantitativa se ubican los indicadores de gestión, (KPI, por sus siglas en inglés) que nos expresan los esperados y crecientes resultados de productividad. La productividad —producto por trabajador— es un concepto moderno indubitable de gestión que ha impulsado los actuales niveles de bienestar. Utilizados con la adecuada estrategia sirven para tomar decisiones de negocios prósperos. 

El sistema discrecional cualitativo

En este sistema se ubican los valores personales que expresan las características emblemáticas de la persona. Entre esas características presumiblemente “blandas” se ubicaban prioritariamente los valores morales de nuestra poderosa civilización inca y que los peruanos de hoy tenemos la obligación de revivir. Los famosos mandatos discrecionales incas de “No seas ocioso”, “No seas mentiroso” y “No seas ladrón”, deberían estar en la cumbre de todo nuestro sistema educativo para tomar decisiones. 

Complementariamente, en esta apreciación de los métodos de toma de decisiones es pertinente citar a la escritora rusa Ayn Rand que en su libro La rebelión de Atlas nos recuerda la superior importancia de las características discrecionales cualitativas para alcanzar altos niveles de realización personal y social. Transcribimos sus seis preceptos:

ν Productividad

La autorrealización es el fin supremo de nuestra vida y el trabajo es el proceso de lograrlo. Lo que importa es la voluntad de prepararse con determinación, dedicación, autodisciplina y esfuerzo para los desafíos que nos presenta la vida. Si perdemos esta ambición es como si perdiéramos nuestra ambición de vivir. Conformarse con un trabajo que demanda menos de la plena capacidad de nuestra mente, equivale a apagar el motor y sentenciarse a la decadencia.

Nuestro cuerpo es una máquina cuyo conductor es la mente. Es obligación nuestra conducirla tan lejos como nos pueda llevar nuestra mente. El hombre que suprime a su mente es una máquina detenida que se oxida lentamente. 

ν Orgullo

Es el íntimo reconocimiento que uno es su mayor valor. Los valores no son automáticos. Deben ser ganados. Vivir requiere un sentido de autoestima, que es ese radiante egoísmo del alma que desea lo mejor de todas las cosas materiales y espirituales. Así como somos capaces de satisfacer las necesidades físicas que necesitamos para mantener la vida, igualmente debemos ser capaces de generar los valores morales de carácter, que permiten que la vida valga la pena vivirla.

ν Integridad 

Fidelidad a la propia conciencia. Será necesario actuar con coraje, como un juez impermeable a la opinión pública, para no sacrificar convicciones ante el deseo, súplicas, prebendas o amenazas de otros. 

El hombre es una entidad indivisible entre cuerpo y mente, materia y conciencia, acción y pensamiento.

ν Independencia 

Nadie puede vivir nuestra vida. No podemos aceptar intermediarios entre nuestra existencia y nuestra conciencia. La responsabilidad de juzgar es de uno. Subordinar nuestra mente a la de otro es autodegradarse.

ν Justicia

Cada hombre o mujer deben ser juzgados por lo que son y deben ser tratados en consecuencia. Con la falta de justicia solo se beneficia a los malos y se perjudica a los buenos. Negar la admiración por las virtudes o el desprecio por los vicios, es un acto de defraudación moral de la sociedad. 

El colapso moral total de una sociedad llega cuando se castiga a los hombres por sus virtudes y se les premia por sus vicios.

ν Honestidad

No es un deber social, ni un sacrificio, sino una reafirmación propia de no depender del juicio de los demás. No se puede adoptar como fuente de valor de vida nuestra capacidad de poder embaucar a discapacitados, ignorantes o necios. 

Ni el dinero, ni el prestigio, ni la fama, ni el amor, tienen valor si se obtienen mediante fraude.

Deducciones

Una ponderación adecuada de los estilos actuales de gestión, coloca en lugar prioritario a los métodos no discrecionales que estimulan la aplicación de normas y frenan las fuerzas emprendedoras, seguidas en segundo lugar por los procedimientos discrecionales cuantitativos y colocando en último lugar a los procesos discrecionales cualitativos. Esto configura una sociedad contenida en su potencial innovador productivo que debería liberarse.

Se estima que el sistema educativo general, desde la formación primaria hasta la educación universitaria, debería establecer que los procedimientos discrecionales cualitativos sean el cimiento de nuestros procedimientos de toma de decisiones, seguido en segundo lugar por los sistemas discrecionales cuantitativos y complementados finalmente por los procedimientos no discrecionales. 

Consideramos que esta evolución educativa será capaz de enlazar los recursos naturales con nuestros recursos humanos para recuperar el tiempo perdido en la economía productiva peruana. 

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