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Michel Fort Figari: Pionero, investigador y propulsor de la metalurgia peruana


De los pioneros de la minería peruana, don Michel Fort Figari es un Minero Notable que destacó por sus amplios estudios y puesta en práctica de trascendentales avances en metalurgia aplicados a la difícil geografía de los Andes Centrales, que marcaron un hito en el procesamiento de minerales para beneficio y desarrollo de la industria. 

Nacido el 26 de marzo 1869 en Lima, realizó sus estudios escolares en esta ciudad, donde pronto mostró un gran interés por la ciencia y el desarrollo científico de la época.

Con esa predisposición ingresó a la antigua Escuela de Ingenieros de Lima, en la que se graduó de ingeniero de minas en 1890, aunque por la gran capacidad teórico práctica que demostró, antes de culminar sus estudios fue convocado por la Compañía Minera Casapalca para instalar una fundición en la sierra de Lima.

Por este motivo, la escuela que era dirigida por don Eduardo de Habich le concedió un permiso especial para que rindiera sus exámenes finales seis meses antes de la conclusión del año de estudios.
 
En Casapalca hizo gala de sus conocimientos e investigaciones y superó con éxito el problema que significaba instalar una fundición de minerales a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar.

Luego de obtener su título, terminó la edificación de la referida planta, logrando implementarla de manera tan provechosa que en 1894 fue nombrado superintendente, puesto al que tuvo que renunciar por haber sufrido envenenamiento por gases en tres ocasiones consecutivas.

Su excelente preparación profesional le permitió por esos años preparar importantes informes sobre los yacimientos de cobre de la región Yauli, Cerro de Pasco y Morococha, lo que fue fundamental para impulsar esas ricas zonas mineras.

Con sus amplios conocimientos, don Michel se consolidó como un hábil perito de minas, siendo en una ocasión convocado por tres asientos mineros a la vez en Áncash, Yauli y Casapalca. En aquella oportunidad, se decidió por Yauli, lugar en el que llevó a cabo trabajos de amalgamación.

En 1895 fundó la oficina de preparación mecánica de minerales de Aguas Calientes e instaló la oficina Americana. Cuatro años más tarde desarrolló la refinación del oro para la acuñación de la moneda nacional, labor por la que obtuvo una nota de agradecimiento del gobierno peruano.

Posteriormente, al comenzar el siglo XX, fue convocado otra vez por las empresas mineras Yauli y Morococha, en las que desarrolló labores que contribuyeron a la instalación de oficinas metalúrgicas en la zona central del país.

Por estos trabajos y otros de trascendencia, don Mario Samamé Boggio, en su libro El Perú Minero, considera al ingeniero Michel Fort como la máxima autoridad técnica de su época en el campo de la metalurgia y lo ubica en la pléyade de destacados profesionales que realizaron la obra de la ingeniería peruana, estudiaron el país y comenzaron a reconstruirlo.

El educador
La obra de este brillante profesional también se vinculó al sector educativo. Desde sus años de estudiante en la Escuela de Ingenieros de Lima mostró su vocación por la enseñanza y prestó valiosa colaboración en los laboratorios de Docimasia y Metalurgia.

Años más tarde, tras el fallecimiento del ingeniero Remy, profesor de Metalurgia de la Escuela, fue convocado para asumir esa cátedra, así como la jefatura del laboratorio de la especialidad, cargo que amplió posteriormente al crear el curso de Preparación Mecánica de Minerales.

Desde la desaparición de don Eduardo de Habich, el problema de la sucesión en la dirección de la Escuela fue una preocupación constante para el gobierno peruano. La Sociedad de Ingenieros del Perú, en atención al prestigio de este centro de estudios superiores, solicitó que el nuevo director fuese un exalumno, que se hubiese distinguido particularmente en el ejercicio de su profesión.

Ante estas consideraciones, el 1 de septiembre de 1910 el gobierno, mediante resolución suprema, nombró como máxima autoridad de la Escuela a don Michel Fort, uno de sus más brillantes titulados.

En cumplimiento de tan alto y honroso cargo en el que estuvo hasta 1930, llevó a buen término la reorganización de la contabilidad, de tal manera que no mereció la más mínima observación del entonces Tribunal Mayor de Cuentas.

En su plan de reorganización, incorporó la instrucción de ingenieros militares, con aprobación del Estado Mayor General. Igualmente se crearon las secciones de mecánicos electricistas y de arquitectos constructores.

A lo largo de su fructífera carrera profesional desarrolló una extensa obra de investigación que dejó plasmada en sendos estudios, como los relacionados a los Explosivos y sus aplicaciones, La fijación del ázoe atmosférico, Elección de un sistema de proyección para operaciones geodésicas, Los humos de la fundición de La Oroya, El problema siderúrgico en el Perú y El empleo del gas pobre en los camiones.

Como una muestra de su capacidad multifacética, también integró el comité organizador de la exposición de las aplicaciones del alcohol, habiendo sido secretario general de ese comité, vocal y presidente del Consejo Superior de Minería, miembro nato del Consejo Superior de Minas y Petróleo y presidente del Comité Central de Pesos y Medidas.

Igualmente, formó parte de prestigiosas instituciones nacionales e internacionales, como la Sociedad Arqueológica de Francia, Sociedad Geográfica de París, Consejo de Comercio Exterior de Francia, American Institute of Mining and Metallurgical Engineers de Estados Unidos, Sociedad Francesa de Beneficencia, Sociedad de Ciencias de la Argentina y Sociedad Química Industrial de Bruselas.

Asimismo, integró la Sociedad Geográfica de Lima, Sociedad Geológica del Perú y Sociedad de Ingenieros del Perú. Fue consejero de la Asociación de Exalumnos de la Escuela de Ingenieros de Lima, miembro honorario protector del Comité Obrero de Lima y de la Sociedad Ilustración Popular, tesorero general del Comité Ejecutivo del Congreso Nacional de la Industria Minera y delegado del Gobierno del Perú en el Consejo Nacional de Enseñanza Universitaria.

Por su vasta obra y trascendencia en el campo científico de su época, fue distinguido como Caballero de la Sociedad Real de Ciencias y Artes de Londres, Oficial de la Academia de Francia, Caballero de la Orden de Leopoldo II de Bélgica y Comendador de Venezuela. Además es poseedor de la Placa de Oro de la Cruz Roja Francesa, la Medalla del Centenario del Perú y la Medalla de la Lisa Marítima y Colonial Francesa.

Más allá de su aporte a la minería y la educación, es de d



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