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Francisco Alayza Paz Soldán: Aporte multidisciplinario a favor del desarrollo de la minería y el país


Entre los ingenieros de minas que realizaron una actividad multidisciplinaria a inicios del siglo XX, que permitió sentar las bases del desarrollo y reconstrucción del Perú de la posguerra del Pacífico, destaca don Francisco Alayza Paz Soldán, Minero Notable, que ofreció un invalorable aporte en estudios geológicos y mineralógicos, así como de nuevas vías de comunicación, economía política y educación.

Nacido en Chorrillos, el 21 de febrero de 1873, fue el hijo mayor de don Narciso Alayza y Rivero y de doña Elena Paz Soldán y Unanue, nieta del prócer Hipólito Unanue. Estudió en el Liceo Carolino y el Colegio Peruano, que estaba a cargo del Dr. Agustín Whilar Rosay, conocido pedagogo de la época y autor del Tratado Completo de Educación de 1907.

Tras culminar la educación secundaria, ingresó a la Escuela Especial de Ingenieros Civiles y de Minas, actual Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), donde se recibió de Ingeniero Civil en 1895 y de Ingeniero de Minas en 1896, formando parte de la distinguida legión de profesionales integrada por Federico Villarreal, Carlos Basadre Forero, José Balta, Fernando Fuchs, Nicanor García, entre otros.

Cuando aún realizaba su formación superior, participó en la comisión encargada de estudiar las tierras de salitre, de potasa y sales alcalinas de Trujillo y Malabrigo, en compañía del ingeniero don Julio F. Gálvez. Ya graduado, el Gobierno lo nombró ingeniero jefe de la misión encargada de visitar los departamentos de Tumbes, Piura y Lambayeque para hacer estudios exhaustivos con el objetivo de gravar la sal con un impuesto. Con el mismo propósito viajó a las salinas de Ica, Otuma y Caucato.

Poseedor de gran experiencia en estudios geológicos, topográficos y mineralógicos, entre 1896 y 1905 se dedicó a establecer el potencial minero de nuestro país, realizando diversas investigaciones en agrestes zonas geográficas como las fronteras con Bolivia y Chile e hizo la exploración de las minas y lavaderos de oro en Pataz, con el objeto de explotar dichas riquezas.

Igualmente, exploró la región aurífera de Carabaya (Puno) y de manera especial la mina de oro de las quebradas de Matacaballo (Moquegua). También encabezó una misión a la provincia de Lampa (Puno), en condición de ensayador de una empresa minera en la región de Maravillas.

En esta fructífera labor, presidió la comisión destinada a realizar estudios en las provincias de Moquegua y Tacna Libre, en donde investigó el salitre de las pampas de la Clemesi, el carbón de Carumas y los minerales de Candarave. Además, realizó trabajos de administración en las empresas mineras Santa Inés y Morococha.

Ministro de Fomento
Posteriormente, de retorno a Lima, fue nombrado ministro de Fomento, cargo desde el que participó con acierto en el debate para crear un régimen tributario minero, luego de culminada la vigencia de la ley del 8 de noviembre de 1890, por la cual se liberó por 25 años del pago de todo impuesto a la industria minera, con excepción de la cancelación de 30 soles anuales por derecho de pertenencia, en la que no estaban comprendidas los boratos, sales, alcalinas, etc.

Ante el Congreso, don Francisco expuso que “merced a tan protectora medida se perseguía el objetivo de favorecer el ingreso de capitales extranjeros y su conjunta aplicación con los nacionales al desarrollo de nuestra minería, infundiendo vida a una industria en otros tiempos floreciente y que, en toda época, debe constituir una de las columnas de la prosperidad pública dada la tradicional y verdadera riqueza de sus veneros”.

Como resultado de esta medida, dijo que “gracias a esta ley hemos visto cuadruplicarse el área mineralizada en actual explotación, habiéndose radicado entre nosotros poderosas empresas, casi exclusivamente extranjeras, pudiendo citar la Cerro de Pasco Mining Co., La Morococha Mining Co., Huaracauca, Santo Domingo en Carabaya y varias otras”.

En ese contexto, de manera visionaria al no poder implementarse un impuesto a las utilidades, porque no se contaba con los organismos especializados para que este tributo se hiciera efectivo, propuso la aplicación en forma transitoria de los derechos de exportación al oro, plata y cobre, lo que se tradujo en la ley del 14 de noviembre de 1915, que generó importantes ingresos para el fisco.

Este reconocido minero también llegó a ser prefecto de Iquitos, donde organizó las guarniciones en todas las fronteras, la flota fluvial y por primera vez en el Perú instaló un servicio inalámbrico de comunicación. Además, hizo el levantamiento del mapa de la región amazónica y dictó un conjunto de normas para fomentar el progreso de esa región.

Luego de su paso por la selva peruana, don Francisco viajó a Europa para visitar diversos centros mineros. De retorno al Perú, fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios, en la que organizó y colocó la enseñanza a niveles acordes con las exigencias industriales de la época. En ese periodo, merced a su labor, se adquirió mayor número de áreas de terreno para esta entidad y se montaron talleres de mecánica, electricidad, carpintería, cerámica y el de fundición artística.

En el ámbito de la educación superior, tuvo a su cargo el dictado de los cursos de Hidráulica y Puentes en la UNI, universidad en que dejó lo mejor de sus experiencias y conocimientos en la formación de futuros cuadros profesionales para bien del país.

Producto de su intensa actividad intelectual, don Francisco ha legado destacados trabajos como el Estudio técnico de las salinas del Perú (1892), Informe general sobre la provincia de Pataz (1898), Informe sobre la provincia litoral de Moquegua y el departamento de Tacna (1903) y Proyecto de reforma de la instrucción secundaria (1927).

Asimismo, Exploraciones y descubrimientos geográficos en los últimos años (1928), Nuevas orientaciones científicas y La educación: sus tendencias y progresos, métodos y programas (1929), Ciencia e industria (1931) y Sinopsis geográfica económica del Perú (1931), entre otros.

Dada su vasta experiencia y sólida cultura, en reconocimiento a sus calidades personales y profesionales fue elegido presidente de la Sociedad de Ingenieros del Perú (SIP), vicepresidente de la Sociedad Geográfica de Lima, presidente de la Sociedad de Tiro del Perú, director del Cuerpo de Ingenieros de Minas y también integró la Sociedad Geológica del Perú, entre otras instituciones.

A pocos meses de cumplir los 70 años de edad, en la ciudad de Lima en noviembre de 1942, dejó de existir este Minero Notable, después de haber desplegado una extraordinaria labor profesional no solo a favor del desarrollo de la minería peruana, sino también de regiones como la Amazonía, s



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