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Catalino Segundo Miranda Quevedo: Impulso y renovación de la metalurgia peruana a finales del siglo XIX


Considerado por don Mario Samamé Boggio, en su magnífica obra Minería Peruana, como uno de los pioneros de la actividad metalúrgica en nuestro país, Catalino Segundo Miranda Quevedo fue un Minero Notable que realizó un aporte fundamental en la consolidación del sector minero de finales del siglo XIX y ocupó importantes cargos públicos hasta llegar a ser burgomaestre del tradicional distrito de Barranco.

Nacido en la ciudad de Cajamarca el 3 de mayo de 1864, fue hijo del eminente minero don Catalino Miranda Ch. y doña Martina Sunico. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el prestigioso Colegio San Ramón de esa misma localidad del norte del país.

Su innegable vocación por las ciencias de la tierra se forjó en las labores de la mina “Los Negros”, que descubrió y trabajó con éxito su padre en Hualgayoc, donde desde niño tuvo contacto con el quehacer minero y descubrió la importancia de esta actividad para la existencia del ser humano.
 
Tras culminar su formación secundaria, viajó a Lima para profundizar y sistematizar sus conocimientos sobre minería e ingresó a la antigua Escuela de Ingenieros, donde obtuvo el título de Ingeniero de Minas en 1890, el que le fuera entregado por el propio fundador de esta casa de estudios superiores, Ing. Eduardo de Habich.

Conformó una de las promociones más ilustres de la actual Universidad Nacional de Ingeniería, junto a José A. Araoz, Juan A. Loredo, Michel Fort, Pedro C. Venturo, Jorge Basadre y Forero, Cruz Zapatero Puch, Felipe A. Coz, Marco Aurelio Denegri, Antonio Graña, Manuel Masías y Baldomero Aspíllaga.

En diciembre de 1892, estableció la oficina de lixiviación Arazcorgue, en la propiedad minera de su padre en Hualgayoc, donde puso en práctica sus conocimientos profesionales y desarrolló labores hasta 1901.

Luego de ello, trabajó en diferentes centros mineros del norte y centro del país, donde observó y participó en la dura lucha del hombre peruano y la máquina, en la explotación de las ingentes riquezas mineras de las tierras andinas que dan sustento a la economía del país.

Su obra es considerada como la de un pionero en el campo minero nacional dado que fue revolucionaria, en la medida que le tocó desechar técnicas ya caducas e imponer nuevas metodologías que cambiarían para siempre la forma de hacer minería, constituyendo una contribución fundamental para el progreso y consolidación del sector.

En la sección Historia de la Metalurgia del libro Minería Peruana, don Mario Samamé Boggio señala: “En esta incompleta y rápida visión de la metalurgia en el Perú, no puede faltar la mención de aquellos hombres –técnicos, mineros, hombres de empresa y metalurgistas– que hicieron con su esfuerzo, con su inteligencia, con su capital y con su vida esta obra en las más duras condiciones: con escaso capitales, con mano de obra no preparada, con pocos elementos técnicos y con maquinaria y equipo muchas veces improvisados”.

A ello añade: “Desde el modesto indígena que operaba un horno ‘pachamanca’, hasta el metalurgista moderno, encarnado en la recia personalidad de Antenor Rizo Patrón, existe toda una pléyade de hombres que nos legaron la industria metalúrgica de hoy”,  en la que cita el nombre de don Catalino Miranda junto a otros conspicuos ingenieros nacionales y extranjeros.

Igualmente, destaca la figura de este Minero Notable, en la sección denominada “Contribución de la Escuela Nacional de Ingenieros del Perú”, en la que precisa que desde 1880 hasta 1895, al que se puede llamar el periodo de la preparación, egresan de esa casa de estudios 53 ingenieros de minas, quienes van a realizar la obra de la ingeniería peruana y a estudiar el país y comenzar a reconstruirlo.

“A esta generación pertenecen: Pedro F. Remy, Segundo Carrión, Darío Valdizán, Eduardo Giraldo, Enrique Silgado, Mauro Valderrama, Federico Villarreal, Carlos Basadre Forero, Antenor Rizo Patrón, José Balta, Felipe de Lucio, Michel Fort, Catalino Miranda, Felipe Coz, Marco Aurelio Denegri, Antonio Graña, Manuel Masías, Alberto Noriega, Fernando Fuchs, José Bravo, Fermín Málaga, Carlos Lissón, Nicanor García y Lastres, Francisco Alayza, Juan Velásquez y Ricardo Ramos”.

El alcalde
La excelente preparación técnica y humanística de don Catalino, le permitió ingresar a la política con el único afán de contribuir al desarrollo de la sociedad, así entre los años 1914 y 1916 fue alcalde del distrito de Barranco, luego de haber ejercido la labor de Inspector de Obras del Concejo Municipal que presidía don Pedro de Osma.

De acuerdo con los registros de la época al frente de la municipalidad su lema era: “Estar siempre listos a la llamada del deber y atender perfectamente a las necesidades en el orden marcado por su carácter de urgencia”, lo que demostraba su dinamismo y entusiasmo.

En ese contexto durante su gestión se preocupó por reglamentar la construcción de edificaciones con el fin de no alterar la perspectiva colonial del distrito, preocupándose por el ornato y la buena presentación del mismo.

Entre otros cargos, en los últimos veinte años de su vida, fue diputado por la provincia de Hualgayoc en el Parlamento Nacional y vocal del Consejo Superior de Minería y Petróleo, en representación de la Sociedad Nacional de Minería.

En 1917, fue elegido delegado del Perú a la Exposición Internacional de Filadelfia y En 1917, fue elegido delegado del Perú a la Exposición Internacional de Filadelfia y participó en las reuniones del Congreso Nacional de la Industria Minera, que organizó el Ministerio de Fomento y el Cuerpo de Ingenieros de Minas y Aguas, bajo la presidencia del Dr. Arturo Pérez Figueroa con el objetivo de contemplar detenidamente y buscar acertada y serena solución a los numerosos y complejos problemas que planteaba la minería en el país.

Este hombre pionero por excelencia, que supo dar el paso a la modernidad que la industria minera requería, en especial en temas metalúrgicos, dejó de existir un 10 de agosto de 1945, pero plasmó en su avatar por el sector minero y la actividad pública un ejemplo imperecedero de constancia e innovación permanente a favor del desarrollo de la actividad minera en el Perú.




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