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Cristóbal de Losada y Puga: Matemático por excelencia e ilustre científico peruano


Con una inagotable predilección por la ciencia y su trascendencia en el desarrollo de las sociedades, don Cristóbal de Losada y Puga fue un Minero Notable que desde inicios de la segunda década del siglo XX tuvo una brillante carrera como matemático e investigador, reconocido no solo en las principales universidades del país sino también del mundo.

Hijo de don Enrique Cristóbal de Losada Plissé y de doña Amalia Natividad Puga y Puga, nació en Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica, el 14 de abril de 1894. A los pocos años su familia se mudó al Perú, específicamente a Cajamarca, donde realizó sus estudios escolares de primaria y secundaria.

Motivado por un especial interés por las ciencias, viajó en 1913 a la capital y postuló a la antigua Escuela de Ingenieros de Lima, hoy Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), de donde egresó en 1919 como Ingeniero de Minas, en la promoción que también integraban sus dilectos amigos Emilio A. Fort y Raúl de la Flor, en tiempo en que se iniciaba la construcción de la fundición de La Oroya.

Sus primeras labores las desarrolló bajo la dirección del Cuerpo de Ingenieros de Minas del Estado y un año después, a iniciativa del Dr. Julio C. Tello y en compañía de los geólogos José Bravo y Carlos Lissón y el Dr. Honorio Delgado, conformó la primera directiva de la Asociación Peruana para el Progreso de la Ciencia, lo que sellaría definitivamente su acercamiento al mundo científico y académico.

Por ese entonces, se vinculó al cuerpo docente de la Escuela Militar de Chorrillos, donde permaneció hasta el año 1926 y dictó los cursos de Álgebra, Aritmética, Mecánica Elemental y Geometría Descriptiva.

En ese ínterin, obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Matemáticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la tesis Sobre las curvas de rodadura, nivel académico que le permitió, en esa casa de estudios, tener a su cargo las cátedras de Cálculo Diferencial e Integral, Cálculo de Probabilidades y Teoría de la Relatividad, Teoría de los Quantos y Teoría Analítica del Calor.

Experimentado en el arte de la enseñanza y dueño de vastos conocimientos en materia minera, viajó a España, donde dictó el curso La Teoría de la Astronomía en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid.

De retorno a Lima se incorporó como docente de la UNI y de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP), y ofreció los cursos de Geometría Analítica, Mecánica, Técnica de las Vibraciones y Fotoelasticimetría.

En 1938 fue elegido decano de la Facultad de Ingenieros de la PUCP. Tres años después, por su excelente labor, llegó a ser pro-rector de esta prestigiosa casa de estudios superiores.

Esta dinámica actividad en el campo de las ciencias le abrió las puertas de instituciones profesionales. Llegó a ser director de la Sociedad de Ingenieros del Perú, secretario del III Congreso Científico Panamericano, que se reunió en Lima, y presidente de la Sociedad Nacional de Industrias.

El ministro
Este insigne ingeniero de minas, reconocido por sus dotes científicas y capacidad intelectual, fue nombrado ministro de Educación durante el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, cargo en el que permaneció por cerca de un año y desde el cual impulsó el desarrollo educativo del país, especialmente en los niveles primario y secundario.

Años después, en 1947, fue designado director de la Biblioteca Nacional del Perú, donde mostró una gran preocupación por el acervo bibliográfico del país y su correcta conservación.

En el desarrollo de esa actividad, que duró hasta 1961, representó al país en numerosos encuentros dentro y fuera del Perú. Así, fue presidente del Primer Congreso Iberoamericano de Educación, que se efectuó en Madrid en 1949, socio honorario protector del Comité Pro Bibliotecas en 1950 y delegado ante la Conferencia sobre el Desarrollo de las Bibliotecas Públicas en América Latina, en Sao Paulo en 1951.

En ese mismo año, en el Primer Congreso Internacional de Peruanistas, realizado en Lima, presentó la ponencia “El matemático Hipólito Sánchez”. Entre los años 1951 y 1955 fue consejero del Instituto Riva Agüero  y director del Anuario Bibliográfico Peruano entre 1955 y 1957.

Su impecable actividad científica lo llevó a dirigir las más importantes publicaciones de divulgación de la época como la revista Fénix, de la Biblioteca Nacional, Mercurio Peruano, Archivos de la Asociación Peruana para el Progreso de la Ciencia y la revista de la PUCP. Además, colaboró con temas de física y matemáticas para la Enciclopedia Universal Ilustrada.

Entre su contribución bibliográfica más importante destaca la obra Curso de análisis matemático, Las anomalías de la gravedad, Interpretación geológica, Aplicaciones mineras, Contribución a la teoría matemática de las clepsidras y de los filtros, Galileo, Copérnico, entre otras publicaciones.

Igualmente, ofreció numerosas conferencias magistrales en el Perú y en el extranjero, siendo una de las más recordadas la que brindó en Madrid en 1954, titulada “El Perú, país de geografía singular”.

Este renombrado científico de fama internacional perteneció a numerosas instituciones como la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Lima, Academia Peruana de la Lengua, Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales de Madrid, Sociedad Matemática  Española, Sociedad Francesa de Física, American Mathematical Association of America y la Comisión Peruana de Colaboración de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Como un merecido reconocimiento a su extensa obra, el gobierno de España le otorgó la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, en octubre de 1949, y Southern Perú instituyó un premio con su nombre para reconocer cada dos años el aporte a las Ciencias Exactas, Naturales y Biológicas, Ingenierías y Tecnología.

A los 67 años de edad y luego de una fructífera vida ligada a las ciencias y a la formación universitaria, este insigne Minero Notable dejó de existir el 30 de agosto de 1961, siendo ejemplo de vida por su apuesta decidida por el conocimiento como base para el desarrollo del país, tarea aún pendiente pese a los años transcurridos.




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