Agregar a favoritos
Recomienda a un amigo
Buscar en la web:
Código asociado:
Password: Perú

 Artículos Técnicos
 La Institución
 El Sector
 Proveedores
 En el Mundo
 Especiales
 Multimedia
 Agenda
EDICIÓN IMPRESA








   
 
Especiales



Edgardo Portaro Mazzetti: Eficiencia, responsabilidad y calidad profesional al servicio de la minería en Perú


Entre los pioneros de la minería peruana, cuyo aporte se constituye en invalorable para la consolidación de este sector base de la economía nacional, destaca don Edgardo Portaro Mazzetti, brillante ingeniero de minas, quien hizo gala de eficiencia, responsabilidad y calidad profesional en los ámbitos público, privado y académico, donde desarrolló su inconmensurable y reconocida labor.

Nacido el 11 de febrero de 1892 en la ciudad de Lima, fue hijo de don Vicente Portaro y de doña Domitila Mazzetti, ambos ciudadanos italianos. Desde temprana edad, cuando cursaba la educación secundaria, mostró su inclinación por la ingeniería, especialmente motivado por las clases de matemáticas del profesor Dr. Santiago Zapatero.

Culminada su formación escolar, ingresó a la Escuela Especial de Ingenieros de Construcciones Civiles y de Minas de Lima, como se llamaba en esa época la actual Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), de donde egresó en 1911, habiendo sido alumno de Alberto Noriega, Fernando Fuchs, Michel Fort, José J. Bravo, José Balta, Carlos Lisson, Federico Villarreal, entre otros.

Sus primeras prácticas preprofesionales las realizó en 1909 en la Compañía Minera El Vesubio, propiedad de los señores Olivari en Áncash, donde forjó su espíritu minero y cimentó su alto sentido de responsabilidad y trabajo eficiente.

A manera de anécdota, don Edgardo contó una vez que, para llegar a esa unidad minera, tenía que salir en vapor del Callao, a donde llegaba en tren desde Lima, y luego de dos días de navegación desembarcaba en el puerto de Casma, para pernoctar allí y después emprender un viaje a caballo durante tres días remontando la Cordillera Negra para llegar a Huaraz. “Al día siguiente, cambiando bestias, remontamos el callejón de Huaylas y, luego de dos días más arribamos a Vesubio, en el distrito de Chacas, provincia de Huari, a unos cuatro mil metros sobre el nivel del mar”.

Posteriormente, ingresó a trabajar en las minas de Sacracancha en Yauli (Junín), en un periodo en que el sector minero empezaba, aunque con serias dificultades, a desarrollarse gracias a la ardua labor desplegada por personajes como Eulogio Fernandini, Antenor Rizo Patrón, Ricardo Bentín, Fermín Málaga Santolalla, Lizandro Proaño y otros que sentaron las bases de la exploración y explotación minera en Perú.

En 1924, este ilustre minero traspuso las fronteras nacionales y fue a trabajar en la mina Coro-Coro, ubicada en el oeste boliviano, cerca de las actuales fronteras de Perú y Chile. Estas minas exportaban un mineral sui generis en el mundo, que era explotado también en Salt Lake, Utah, (EE.UU.), pues se trataba de cobre nativo, impregnado en arenisca.

“Naturalmente, la separación del metal de la ganga era muy fácil, pues se reducía a una operación gravimétrica en mesas y en jigs. Un hecho curioso que quiero hacer resaltar es que toda la maquinaria era movida por vapor. Había grandes instalaciones de calderos que empleaban la taquia como combustible, o sea el excremento de las llamas”, comentó don Edgardo en otra ocasión.

En Atacocha
Sin duda, la mayor identificación de este conspicuo profesional peruano está ligada a la fundación de Compañía Minera Atacocha, que en 1935 era un depósito minero de los hermanos Gallo, quienes, con la finalidad de identificar el verdadero potencial de este yacimiento, encargaron sendos estudios tanto a don Edgardo como a ingenieros estadounidenses que laboraban en la Cerro de Pasco Corporation.

Grande fue su sorpresa cuando las conclusiones de las investigaciones diferían sustancialmente, pues, por un lado, el ingeniero Portaro Mazzetti recomendaba la explotación del depósito, mientras que los norteamericanos dieron resultados negativos.

Finalmente, Francisco José Gallo Diez optó por iniciar este emprendimiento que aún sigue en operaciones y, en agradecimiento por su excelente y minuciosa labor, nombró a don Edgardo gerente general de la compañía, donde luego de 32 años de servicios se jubiló, confirmando año tras año la calidad del estudio realizado por este Minero Notable.

“Los primeros años fueron muy duros, pues habiendo iniciado la producción en 1937, solo pudimos tener la satisfacción de cancelar todas nuestras deudas y empezar a dar un pequeño dividendo recién en el año 1941”, contó en una entrevista con nuestra revista en 1980.

Al respecto, recordó a Ismael Cobián, Mario Samamé, Manuel Ochoa, Ángel Paredes, Narciso Tasaico, Ernesto Diez Canseco, Felipe Bautista, Carlos Valdivieso, Francisco Torres Belón, Jorge Quintana y Elizalde Ortiz como los ingenieros que intervinieron en los primeros años de Atacocha.

Sobre Elizalde Ortiz, destacó que fue el principal proyectista de la importante obra de comunicación entre los niveles 3,600 y 3,900, esto es, un desnivel de 300 metros, habiendo tenido que efectuarse una chimenea de 180 metros para comunicar con el pique de tres compartimentos que descendía desde el nivel 3,900.

Posteriormente, integró el directorio de diversas empresas del sector minero y presidió, entre otros, el directorio de Explosivos S.A. en 1958.

Dada su reconocida y amplia trayectoria profesional, en el ámbito institucional en 1959 presidió la V Convención de Ingenieros de Minas y en 1964 ocupó la presidencia del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP) y de la Sociedad de Ingenieros del Perú (SIP).

Igualmente, fue presidente de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo en dos periodos: de 1949 a 1950 y de 1955 a 1957, destacando por su demanda para la promulgación del Código de Minería, por considerarlo piedra angular y fundamental de la nueva política minera.

En el sector público, presidió el Banco Minero del Perú y fue jefe del Departamento de Caminos en el Ministerio de Fomento y Obras Públicas, realizando un interesante programa que comprendió la creación de plantas de beneficio, centrales eléctricas y carreteras, tan necesarias para el desarrollo del país en ese entonces.

Como académico, fue profesor de Geometría Descriptiva de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Doctor en Matemáticas y Doctor Honoris Causa de su alma mater, la UNI.

En ese tiempo, dejó plasmada su amplia experiencia en informes y artículos sobre los yacimientos de salitre de Siguas de la provincia de Camaná, la exploración de los depósitos de salitre de la región del oeste del valle de Majes, el aumento de la producción minera y oposición al aumento de las tarifas aduaneras para el plomo y zinc, entre otros.

Don Edgardo también se dio un tiempo para dedicarse a la política y en 1956 fue elegido Senador por el departamento de Pasco, durante el segundo gobierno del Dr. Manuel Prado, llegando a ser vicepresidente del Senado en 1961; sin embargo, como el mismo señaló: “nunca me sentí iden



Otras Notas

Pedro Ly Zevallos: Talento e ingenio para el descubrimiento de depósitos minerales
Julio Pablo Orihuela Gómez: Contribución y capacidad a favor del desarrollo sustentable de la minería
Walter Toribio Casquino Rey: Conocimiento, visión y aporte para una minería más competitiva
Isaac Ríos Quinteros: Visión y talento para promover la formación técnica en minería
Enrique Benjamín Boza Barrios: Competencia y esfuerzo a favor del desarrollo de la minería argentífera
Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz: Eminente científico, visionario y precursor de la minería moderna
Amado Yataco Medina: Capacidad y aporte al desarrollo de la minería de fines del siglo XX
Víctor Raúl Eyzaguirre Parra: Talento y contribución al avance de la minería aurífera en el Perú
Michel Fort Figari: Pionero, investigador y propulsor de la metalurgia peruana


                   PUBLICIDAD

Revista MINERIA lGuia de Proveedores lOpiniones lAnuncie lSuscribase lContáctenos lMapa del Site © Instituto de Ingenieros de Minas del Perú
Derechos Reservados
Sitio desarrollado por: