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Rosalvina Rivera Castillo: Geóloga por naturaleza, maestra e ilustre investigadora peruana


Entre los pioneros de la ingeniería geológica en Perú, ocupa un lugar de privilegio doña Rosalvina Rivera Castillo, no solo por ser la primera mujer en alcanzar un doctorado en esa materia sino y, sobre todo, por su reconocida labor como catedrática e investigadora que dejó un invalorable legado para el desarrollo de las actividades extractivas en nuestro país.

Nació en la Provincia Constitucional del Callao el 4 de septiembre de 1914. A muy temprana edad viajó a Huaylas (Áncash), la ciudad natal de su padre, donde cursó la educación primaria en el Centro Escolar de Mujeres de esa localidad y en la que vivió hasta los trece años. Posteriormente, fue inscrita en un internado de monjas en Huaraz para que pueda seguir sus estudios en el nivel secundario.

Al no haber una cantidad suficiente de alumnas en el internado, solo llegó a completar el tercer año de secundaria; sin embargo, con voluntad y a pesar de las circunstancias, pues no era aceptada en los colegios nacionales de varones, llegó a terminar de manera destacada su formación escolar.

Posteriormente, en 1938, viajó a Lima e ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) para estudiar Ciencias Biológicas y Pedagogía, pues su vocación siempre estuvo vinculada a las Ciencias Naturales.

Influenciada por la brillante cátedra de Geología, que en ese entonces dictaba el Ing. Jorge Broggi, doña Rosalvina Rivera decidió estudiar esa carrera profesional que le abrió la oportunidad de trabajar en el recientemente creado Instituto Geológico del Perú y que marcaría su vida erigiéndola como una de las geólogas más notables del país.

Concluida su formación universitaria, se graduó como Bachiller en Ciencias Geológicas con una tesis sobre Paleontología en 1948, para tres años después convertirse en la primera peruana en obtener un doctorado en Geología de la UNMSM con una investigación sobre los fósiles de la localidad de Puente Inga, ubicada cerca de la desembocadura del río Chillón, en Lima.

La rigurosidad y calidad científica de esta tesis doctoral destaca porque identifica nuevas especies de amonites y precisa una cronología relativa para las rocas estratificadas de la región Lima.

A decir del Msc. Ing. Óscar Silva Campos, esto constituyó “un gran logro para la mujer peruana, que en aquella época era vedada de estudiar en la universidad y más aún una disciplina científica”.

Pero los logros de doña Rosalvina Rivera fueron aún más allá y obtuvo dos becas de estudio en Estados Unidos: la primera, ofrecida por el U.S. Geological Survey (USGS) para graduados de América Latina con especialidad en moluscos, y la segunda, por la fundación Palmer, que le permitió desarrollar trabajos de investigación postdoctorales en Paleontología y Estratigrafía en la Universidad de Stanford (California), entre 1952 y 1953.

En su fructífera carrera como profesional, trabajó para la Cerro de Pasco Corporation durante seis años. Luego se desempeñó como consultora de empresas exploradoras, a la vez que comenzó a dedicar su tiempo a otra de las actividades donde alcanzaría igual o mayor reconocimiento: la docencia universitaria.

La catedrática
Inició su labor docente en la UNMSM, en la que dictó el curso de Micropaleontología. En 1967, la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) crea la especialidad de Ingeniería Geológica y la convoca para que se haga cargo de las asignaturas de Paleontología, Micropaleontología, Estratigrafía, Geología Histórica y Geología del Perú.

En la Facultad de Ingeniería Geológica, Minera y Metalúrgica (FIGMM), en la que laboró por cerca de treinta años, organizó el Museo de Paleontología con fósiles provenientes de Perú y el extranjero, formando colecciones sistemáticas, algunos de cuyos especímenes colectó personalmente en trabajos de campo, junto con otros distinguidos docentes universitarios.

Igualmente, participó con el Dr. Georg Petersen en la creación del Museo Mineralógico de la UNI, en el que también se presentan mapas geológicos del territorio nacional y otros continentales de diversas épocas.

En su vasta trayectoria docente, escribió una serie de trabajos de investigación, entre los que destacan los que estudian los fósiles del Pongo de Rentema, la fauna de los estratos Puente Inga, la formación Chonta en la región del río Cahuapanas, los moluscos fósiles de Paracas, las zonas faunísticas del Cretáceo de Lima y el litoestratigráfico de los miembros inferiores de la formación Puente Piedra.

Además, escribió sobre el léxico estratigráfico de Perú, la cronología geológica clásica, información sobre la bibliografía geológica del petróleo en Perú, la estratigrafía de la costa de Lima y una guía para la organización de un museo de historia natural.

En el exterior hizo otros estudios, entre ellos, Tertiary and Quaternary Fossils from Southern Ecuador and Northern Peru Coast y Report on Fossils from Mindoro, Philippine Islands.

Toda esta labor científica le valió para que la UNI, en enero de 2009, le otorgue el título de Profesora Emérita en reconocimiento a su destacada trayectoria profesional y a su honorable contribución a la evolución de la ciencia geológica.

Igualmente, la UNMSM la incorporó como Profesora Honoraria, título que comparte, entre otros, con los ilustres doctores Eugene Mitacek, de Checoslovaquia y Christian Amstutz, de Alemania, y en 2010, en ocasión de los 75 años de la Escuela Profesional de Ingeniería Geológica, esa prestigiosa casa de estudios superiores le confirió un reconocimiento especial, junto con otras personalidades del sector minero energético.

En el ámbito institucional, doña Rosalvina Rivera fue la primera mujer en presidir la Sociedad Geológica del Perú en el periodo 1971-1972, en el que desarrolló una destacada labor y propuso la compra de un local propio para esa organización, de la cual fue nombrada tiempo después Socia Honoraria.

En una de sus últimas intervenciones públicas, dando muestra de su lucidez y de la vigencia de su pensamiento, expresó que “la gran tarea de hoy es cuidar el ambiente en que vivimos, que es una tarea de todos los seres humanos, de filósofos, literatos y científicos”.

Esta notable ingeniera, cuyo legado es su invalorable aporte al desarrollo de la geología en Perú, dejó de existir el 23 de octubre de 2011 a la edad de 97 años. Fue una mujer brillante que, desafiando las costumbres de su época, demostró que los campos de la ciencia -por más complejos que parezcan- no son patrimonio



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