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Andrés Marsano: Visionario e impulsor perseverante del desarrollo aurífero responsable en el país


Multifacético por excelencia, Don Andrés Marsano Porras, Minero Notable de una fe inquebrantable por el Perú, es reconocido por sus calidades humanas y cualidades empresariales, que lo llevaron a incursionar con éxito en la minería aurífera donde otros desistieron, desplegando un gran esfuerzo por preservar el medio ambiente y llevar apoyo a las zonas más pobres y alejadas del norte del país.

Un 7 de febrero de 1945, en la ciudad de Lima, nació Don Andrés Marsano Porras, quien realizó sus estudios secundarios en el Colegio Santa María, donde ya destacaba por su perseverancia. Desde niño estuvo ligado a la minería, ya  que su abuelo tenía unos denuncios mineros en Cerro de Pasco y formó la compañía Santa Inés y Morococha, que siguen hasta hoy en operación desde inicios del siglo pasado. 

Ingresó a la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y luego de graduarse y de algunos años de exitosa carrera profesional como abogado e inspirado por la tradición minera que llevaba en la sangre y el ímpetu por alcanzar grandes metas, decidió apostar por la exploración aurífera en el norte del país, donde otros empresarios habían desistido y ponían en duda la riqueza de la zona.

Es así, que en el Cerro El Gigante, ubicado en el distrito de Parcoy, provincia de Pataz de la sierra de La Libertad, que ya había sido referenciado en 1860 por Antonio Raimondi como un rico yacimiento de oro, Don Andrés inició trabajos de exploración y él, junto a sus trabajadores a quienes les imprimió su excelsa determinación y mística empresarial, consiguió levantar la mina más importante del Perú de inicios de la década del 80´.  

“A la minería entré, contra la opinión de muchos expertos, recordando las lecturas de Raimondi e impulsado por mi fe en el Perú, que me dieron el coraje y la audacia necesarios para cometer un verdadero reto empresarial, ya que en el presente siglo ninguna empresa efectuó actividad minera alguna, por cuanto se creía que los problemas –principalmente– geológicos y mineros no hacían atractiva dicha zona, que gracias a la profesionalidad de los mineros peruanos, cuando nos encontrábamos próximos a cerrar, gracias a Dios, fue coronado con el éxito”, reseñó el propio Don Andrés en misiva enviada a la revista Gente.

Minera Aurífera Retamas S.A. (MARSA), se inició en el año 1981, en épocas muy difíciles donde tuvo que enfrentar no sólo lo agreste de la geografía, ubicada a 4,200 m.s.n.m., en la tercera Cordillera de los Andes, sino también impredecibles circunstancias como el terrorismo, los efectos devastadores del Fenómeno del Niño, la crisis económica y la caída de los precios internacionales de los metales que forzaron a muchas compañías mineras a cerrar sus operaciones.

Pese a estas dificultades, Don Andrés no dudó en desarrollar una actividad minera con responsabilidad, protección del medio ambiente y apoyo a las poblaciones aleñas, convirtiendo a la operación en ejemplo de implementación de modernos sistemas para tratar los relaves, con los que superó a las exigencias del propio Programa de Adecuación al Medio Ambiente (PAMA) que había establecido el Ministerio de Energía y Minas (MINEM).

Su trato siempre fue amable y generoso con sus trabajadores y los pobladores de Parcoy, quienes destacaron su espíritu solidario de buen empresario, el mismo que también lo motivó a impulsar la mejora en educación y salud, en otros pueblos de la provincia como Llacuabamba, Buldibuyo y Tayabamba.

Además, no sólo tuvo la visión de explorar la mina San Andrés que es hoy en día MARSA, una de las principales mineras auríferas subterráneas de nuestro país, sino que también su fe en la minería lo llevó a denunciar otras áreas e invertir en exploraciones a lo largo y ancho del territorio nacional.

Multifacético

Don Andrés Marsano Porras, contrajo nupcias en 1970 con María Teresa Conroy Lanatta y tuvo tres hijos: Andrés, Verónica y Claudia. A lo largo de su intensa vida, en forma paralela a la actividad minera, fundó el diario El Sol, el Club Deportivo “Unión Marsa” y ofreció un particular apoyo a la difusión de la música criolla.

A través de las páginas del diario El Sol, fundado en marzo de 1996, se difundió la cultura peruana y en especial se presentaron estudios de nuestra realidad y su proyección hacia el futuro, con la finalidad de impulsar una visión positiva de país que sirva de base para el desarrollo de las nuevas generaciones.

En el ámbito deportivo, promovió la práctica del fútbol en Pataz con “Unión Marsa”, equipo que llevó alegría a la localidad, llegando en 1996 a disputar la final de la Copa Perú en Lima.  Por otro lado, con el propósito de estimular el surgimiento de nuevos valores para la canción criolla y rescatar el amor al Perú, Don Andrés, apoyó al Centro Social Musical Felipe Pinglo Alva y patrocinó la publicación de los libros “Felipe Pinglo, a un siglo de distancia” y “Canción Criolla, memoria de lo nuestro”.

Reconocimiento

Empresario de éxito y uno de los gestores de la consolidación de la minería aurífera en nuestro país, Don Andrés ocupó importantes cargos en instituciones gremiales del sector como la presidencia del Instituto de Derecho de Minería y Petróleo, por tres años.

Asimismo, por su destaca labor, recibió diferentes condecoraciones, siendo nombrado en 1997 “Empresario Minero del Año” por el Consejo Editorial del Directorio Minero del Perú y merecedor de una distinción especial del Congreso de la República por el trabajo de protección del medio ambiente realizado en MARSA, lo que también fue reconocido por la Facultad de Minas y Metalurgia de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI)  y la Comisión Organizadora del IV Simposio Nacional de Minería Aurífera.

La Sociedad de Ingenieros del Perú, nombró a este Minero Notable “Símbolo de dedicación y ejemplo para las nuevas generaciones”, lo que dejó claramente demostradas las virtudes de este preclaro personaje de nuestra minería y el Perú, que lamentablemente partió a la inmortalidad en noviembre de 1999, dejando tras de sí una mística y fe en el país, que sólo los hombres valiosos como él pueden irradiar a las futuras gen




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