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ORO EN EL AMANECER INCA

Por: Ing. Jorge Olivari Ortega, Membre du Club de Minéralogie de Montréal.


Una serie de versiones sobre la inicial presencia de los incas en el Cusco, fueron recogidas por algunos cronistas españoles al arribar a tierras incaicas a mediados del siglo XVI, conteniendo cada una de estas –tal vez– un fragmento de verdad histórica. También fueron escritas por cronistas nacidos después de la invasión española, como de otros países.

Quinientos años después, continua sin conocerse el lugar de su procedencia, así como cuándo, por qué y cómo llegaron a asentarse en el Cusco, su futura capital imperial.

Cusco está situado en el sur-este del Perú, en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes, a orillas del río Huatanay, afluente del río Vilcanota, a unos 3,400 msnm; el nombre original del lugar según algunos, habría sido Acamama, otros dicen que proviene de coscoani, allanar, o de Quisco, nombre de unos de los curacas del lugar.

Es probable que interesados en establecer un orden, las civilizaciones pre-hispánicas que florecieron en el territorio hoy peruano, entre ellas la inca, interpretaran los diversos fenómenos naturales, sociales e indefinidos, mediante mitos y leyendas, los cuales habrían sido transmitidos oralmente a través de sucesivas generaciones.

La leyenda es una representación de un suceso a través del cristal de la fantasía, es un relato en el que coexisten la realidad y la ficción, logrando excitar la imaginación.

Es un relato popular que tiene como tema acontecimientos, así como seres ficticios, es decir, los hechos reales distorsionados y a veces mezclados con seres o sucesos maravillosos.

Las leyendas existentes sobre los incas, por su enredada estructura y por su naturaleza simbólica, requieren de una minuciosa interpretación para el alcance de su contenido. En estas se encuentra presente el oro, que los incas creían que eran lágrimas de su dios Sol.

Una de las leyendas menciona que los incas arriban al valle del Cusco por encargo de su padre el Sol, con la finalidad de educar a las comunidades existentes en el lugar. Esto fue realizado por Manco Cápac con la ayuda de su hermana-esposa Mama Ocllo.

Inicialmente el Sol había instalado en una isla del lago Titicaca a estos dos personajes entregándoles una barretilla, para que en su trayecto procurasen introducirla en la tierra, señal de era el lugar propicio para quedarse; por cierto, la barretilla era de oro.

«...barretilla...de media vara en largo y dos dedos de grueso...» (Garcilaso de la Vega, pág.30).

Se estima que una vara tendría 80 a 85 cm. de longitud y un dedo 2 a 3 cm. de espesor. Existe una versión que la expresa en palmos, siendo un palmo 20 a 22 cm. de longitud.

«...varilla de oro de dos palmos de largo y dos dedos de grueso...» (Anello Oliva, pág. 36).

Otros, afirman que obtuvo la barretilla de la cueva Capactoco ubicada en Pacaritambo.

«...una estaca de oro, para experimentar las tierras donde llegase...» (Pedro Sarmiento de Gamboa, pág. 54).

Manco Cápac y Mama Ocllo abandonan el lago Titicaca y caminan con dirección norte, pernoctando en una cueva o gruta, que la nombraron Pacárec Tampu: venta o dormida que amanece, la cual estaba situada a siete u ocho leguas al sur del Cusco.

La leyenda surgida en un determinado momento, con el transcurrir de su transmisión oral, se va difundiendo y también sufriendo cambios y agregados, que la pueden desvirtuar o enriquecer; lo notable de la leyenda es su condición colectiva o común.

Inicialmente esta barretilla debió ser un bastón o un palo, llamado tupayauri, que según otra leyenda sobre el origen de los incas, fue entregada por el dios Tunupa a Apo Tampo y Mama Achi, los cuales serían el padre y la madre de Manco Cápac.

«...dicho palo...se conbertio en oro fino en el nacimiento de su desendiente...» (Juan de Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, pág. 282).

Consideran que Tunupa era el dios de los hombres que habitaban a orillas del lago Titicaca; este dios también era llamado Taguapaca en la región del Collao.

Viracocha o Huiracocha, para gran número de investigadores, es el dios creador de la región andina, que habría tomado el lugar de Tunupa, un dios más antiguo.

Tunupa es estimado como el dios de los aimaras, relacionado con el fuego y con los fenómenos divinos; Viracocha toma su lugar y Tunupa figura como su comisionado.

Los incas habrían conservado al dios Viracocha, creador del Sol y de la Luna, pero con el transcurrir del tiempo, el Sol ocupó el primer lugar en la religión oficial inca.

Manco Cápac es probable que haya nacido en Pacárec Tampu, lugar donde existían tres cuevas, dicen que en la central, que posteriormente la llamaron Cápac Tocco.  

Otra versión indica que los incas después de soportar grandes lluvias e inundaciones, abandonan sus residencias, las cuales estarían ubicadas en las cercanías del lago Titicaca; Manco Cápac estaba al mando del grupo y arriban a Pacaritambo. Sin embargo, otros refieren que los incas huían buscando un lugar para refugiarse y salvarse.

La leyenda de «Los hermanos Ayar» menciona que los incas tuvieron sus orígenes en Pacaritambo, etnia Masca, otros dicen que es continuación de la anterior citada.

«...los nombres de los ocho hermanos son éstos: el mayor de los hombres y de más autoridad se llamó Manco Cápac, el segundo Ayar Auca, el tercero Ayar Cachi, el cuarto Ayar Ucho. De las mujeres la más anciana se llamó Mama Ocllo, la segunda Mama Huaco, la tercera Mama Ipacura, o, como otros dicen Mama Cura, la cuarta Mama Raua...» (Pedro Sarmiento de Gamboa, pág. 52).

Pacárec Tampu o Pacaritambo (del quechua pacarina: amanecer o nacer y tampu: venta o lugar establecido en un camino) casa de producimiento o lugar de origen, estaría, tal vez, situado a unas seis u ocho leguas al sur del Cusco.

Muy cerca al lugar, según las leyendas, se encontraría un cerro llamado Tamputoco o casa de ventanas por presentar una serie de cavernas, cavidades (toco significa ventana en quechua), socavones o las llamadas chinganas (del quechua chincana, equivalente a escondrijo, cueva, escondite o conducto subterráneo).

Al parecer, tres eran las principales, llamadas: Capactoco, Marastoco y Sutictoco; es probable que estas dos últimas fueran los adoratorios de las etnias Maras y Sutics.

Manco Cápac y los migrantes que arribaron y fueron aceptados en Pacaritambo, por imposición o por subordinación o por alguna otra razón, tal vez, por coincidencia ideológica –entre ella la religiosa– instalaron también su adoratorio en Tamputoco, en la ventana o caverna central, que la llamaron Capactoco o ventana rica.                                       

Es probable que los habitantes del imperio incaico hayan denominado con el nombre de Pacaritambo a varios sitios, con la finalidad de conservar el original y distraer a los invasores españoles, cuyo único fin era encontrar este lugar y tal vez destruirlo. Pacárec Tampu o Pacaritambo también podría haber sido un lugar inventado.

Es importante mencionar que el actual pueblo Pacaritambo, ubicado en la provincia de Paruro, a unos 26 Km. al sur del Cusco, no es el mismo designado en los diversos escritos del siglo XVI; hasta el año 1571, no existía ningún pueblo con ese nombre.

Algunos consideran que los actuales restos arqueológicos de Maucallacta, ubicados en Mollepata, provincia de Paruro, a unos 3,200 msnm., pudieron haber sido conocidos originalmente como Pacaritambo y que el cerro Pumaorco como Tamputoco.

Pumaorco posee algunas cavernas, que pueden ser observadas desde Pacaritambo.

Las expresiones naturales como: afloramientos rocosos, cavernas, cuevas, cerros, así como los demás componentes del paisaje, fueron considerados como pacarina o lugar de origen de las comunidades cercanas a estas, a las cuales se les respetaban y se les rendían culto, pues a su entender, además, poseían poderes sobrenaturales.

Se podría determinar que la ubicación de Maucallacta estaba sujeta a la presencia de Pumaorco; esta comunidad estaba asociada a su pacarina, lugar teórico de su origen, de donde no deseaban nunca separarse, los cuales consideraban a sus deidades como seres vivientes que merecían respeto y que formaban parte de su vida diaria.

Este lugar posee características propias de la época inca, en cuanto a la distribución del espacio y a la arquitectura estilizada; restos pre-inca son casi inexistentes.

Antes de abandonar Pacaritambo, expulsados o probablemente en busca de nuevas tierras, los incas retiraron de Capactoco gran cantidad de objetos elaborados en oro.

«...una honda de oro...mucho servicio de oro...» (Pedro Cieza de León, pág. 25).

«...unas alabardas de oro...vestiduras de lana fina con oro fino...unas bolsas, ansi mismo de lana y oro...unas mantas y fajas, que ellos llaman chumbis, muy labradas de oro...prendedores de oro muy fino, los cuales son unos alfileres largos de dos palmos que ellos llaman topos...ollas y cántaros pequeños, y platos y escudillas y vasos para beber, todo de oro...» (Juan de Betanzos, pág. 10).

«...una patena de oro en el pecho...una medalla de oro grande en la cabeza, que ellos llaman «canipo»...(el ídolo Guanacauri) adornado en ricos vestidos y mucha argentería de oro y plata y mucha plumería de colores...» (Cristóbal Vaca de Castro, pág. 11).

La leyenda menciona que Manco Cápac retiró de Capactoco diversas insignias de poder, como el Tupayauri: cetro real, especie de bastón de oro; las Aquillas: especie de vasos de oro, y el Tupacuri: plancha de oro colocada en la Mascapaicha.

«…tomando sus vestidos ricos y armas, sacando aquel palo que habia dejado dicho Tunapa, el cual se llamó Tupayauri y dos aquillas de oro pequeños con que habia bebido dicho Tunapa se llamo Tupacuri; y llamando á sus hermanos, y ansi se partio hazia el cerro de donde sale el Sol ó mediodía...» (Juan Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, pág. 282).

Mencionan que uno de los hermanos retornó a Capactoco, a recoger objetos de oro.

De haber existido Pacaritambo, es probable que debiera estar ubicado en las cercanías de algún yacimiento aurífero, que le habría permitido abastecerse del metal precioso necesario para confeccionar sus diversos ornamentos.

«...aparecido el Hijo del Sol, saliendo una mañana de una cueva que llaman Capactoco, vestido de oro tan resplandeciente como su padre...» (Anello Oliva, pág. 55).

Sin embargo, podrían haber conseguido el oro o las piezas de oro por intercambio.

Asimismo, debió estar ubicado en las inmediaciones de alguna laguna o de un lugar pantanoso, para poder obtener la totora, que la utilizaban en las orejas perforadas; esto constituía, al parecer, inicialmente parte de insignias características de los incas.

«...se horadaban las orejas; y en ellas se pussieron cierta señal dentro de los agujeros que les incluía que eran de juncos que llaman totora...» (Anello Oliva, pág. 55).  

Los cronistas aluden de acuerdo a las leyendas, que este lugar estaría situado en el valle del Cusco, a una distancia de cinco a ocho leguas (unos 30 a 50 kilómetros) de la futura capital de los incas y con una orientación sur sur-oeste. 

Que además, estuviera muy cerca de un cerro con tres cuevas o galerías subterráneas. Estas galerías subterráneas habrían sido tal vez, realizadas por ¿mineros? incas.    

De acuerdo a las características mencionadas, Pacaritambo que es considerado lugar de origen de los incas, estaría situado en Mohina, provincia de Quispicanchis, Cusco.

Mohina o Muyna según otros, derivaría del término quechua mohuna: cerner o coger las semillas; está situado a unos treinta kilómetros –cinco leguas– al sur del Cusco.

En el lugar existe una laguna –Mohina, Huacarpay u Oropesa– de unos 3.6 km. de largo por unos 1.8 km. de ancho, a una altitud sobre el nivel del mar de 3,050 metros; esta es alimentada por las aguas que descienden del río Lucre.

Existe en la mencionada laguna mucho junco o totora; los primeros incas ordenaron a los habitantes del lugar, utilizarlo en la confección de sus orejeras como distintivo.

«...a la naciones Muina, Huáruc, Chilliqui, mandó que trajesen orejeras hechas de junco común que los indios llaman tutura...» (Garcilaso de la Vega, pág. 440).

Cerca de la laguna se encuentra Rumicolca, una cantera de roca andesita y otras, que fue utilizada por los incas para las construcciones de una serie de obras en el Cusco.

También se pueden observar en las colinas de este lugar –Rumicolca– las ruinas de la que fuera residencia de Huáscar, último gobernante del imperio incaico. Algunos consideran que en las cercanías del lugar existen tesoros de los anteriores incas gobernantes.

Urpicancha, término quechua: urpi, pájaro y cancha, recinto, es una residencia Wari o Inca situada al este de la laguna Mohina o Huacarpay, construida sobre una cueva; esta se encuentra en la parte central de una colina, existiendo dos a su lado.

Algunos consideran que esta cueva central podría ser Cápactoco, la cual está ubicada en la parte central de un cerro bastante mineralizado, especialmente con pirita.

En la parte superior de este cerro manifiestan que existía una mina de oro, al parecer inca o pre-inca, explotada también por los españoles que llegaron al lugar.

Algo más abajo existía una acequia por las cual discurría el recurso hídrico que llegaba desde Rumicolca; también mencionan la existencia de un batán o piedra para moler trozos de mineral que contenía oro, ubicado delante de palacio de Urpicancha.

Mohina se encontraba en la ruta al Collasuyo, una región con yacimientos auríferos; en Ocongate existían filones y también lavaderos de oro, asimismo en Marcapata.

«...la zona más extensa y rica en oro del Perú es la del Sur-Oriente, que abarca grandes extensiones de las provincias de Sandia y Carabaya, del Departamento de Puno y las de Quispicanchis y Paucartambo del Departamento del Cuzco. Su longitud puede apreciarse en más de 15 km. y un ancho de 60 km., o sea una superficie de 9000 km. cuadrados...» (Fernando Fuchs, pág. 91).

El mencionado Pacaritambo, considerado como el lugar de origen de los incas, estaría entonces situado en las cercanías de una mina de oro, la cual explotaban para poder conseguir el deseado metal precioso y poder confeccionar sus ornamentos.

«...son tres ventanas, la una llamada Maras-tocco y la otra Sutic-tocco, y la que está en medio de estas dos se llama Capac-tocco, que quiere decir «ventana rica», porque dicen que estaba guarnecida de oro y otras riquezas...» (Pedro Sarmiento de Gamboa, pág. 32).

Es probable que Capactoco haya sido solo un lugar donde guardaban objetos de oro, desconociéndose a la fecha como obtenían este precioso metal amarillo, el cual se presenta en la naturaleza de diferentes formas.

El oro que se logra extraer del interior de la tierra, casi siempre es en poca cantidad, el cual además está acompañado de otros elementos; para lograr obtenerlo, primero es necesario separar el mineral que lo contiene de las rocas que lo rodean, y sacarlo en trozos pequeños a superficie para luego eliminar los elementos acompañantes.

Este oro agregado con otros elementos puede presentarse en diferentes estructuras geológicas como: filones, mantos, bolsonadas, criaderos y otras.

Los filones auríferos son depósitos de minerales que contienen oro, son fisuras o espacios abiertos pre-existentes en las rocas de un determinado terreno que han sido rellenados; este relleno puede ser completo en estos espacios, aunque algunas veces abiertos, primero se originó la cavidad y luego ingresó el mineral que contenía oro.

La mayoría de veces los filones de oro son verticales o algo inclinados, son estrechos, de poco grosor o espesor –potencia del filón– siendo su longitud o profundidad de unos pocos metros a varios kilómetros; a veces estos pueden ser simples, ocupando una sola fisura, o varias a la vez, en una zona de gran fracturamiento.

Los mantos de oro son los depósitos del mineral que yacen en forma horizontal; los criaderos son acumulaciones de partículas de oro que están en forma desordenada, y las bolsonadas de oro, aquellas reunidas en forma ordenada y casi redondeada.

El filón de oro era denominado coricoya por los incas: cori significa oro.

Quijo es un término quechua para designar al compuesto de oro con cuarzo, el cual es generalmente su gran acompañante, pudiendo ser también la calcita y la rodocrosita.

«...el oro de minas nunca se halla en ellas puro en pequeños pedazos o pepitas, sino penetrado e incorporado en las piedras, sin que se pueda sacar dellas sino después de molidas y hechas harinas...» (Bernabé Cobo, pág. 297 Tomo I).

El oro en los yacimientos de la provincia de Paucartambo, una región cusqueña rica en este metal, casi siempre está agregado al cuarzo. El cuarzo aurífero es compacto, algo blanquecino, así como algo poroso, a veces con manchas de limonita. Normalmente forma muchas pequeñas vetas, casi siempre de poco espesor.

El oro también se puede encontrar en sulfuros, integrados y asociados en minerales como el cobre y el plomo; cuando está asociado a sulfuro de hierro, como la pirita, así como a la arsenopirita y a la pirrotita, la recuperación es por flotación.

Las sociedades prehispánicas obtuvieron el oro generalmente del cuarzo aurífero, pero mayormente de los yacimientos auríferos denominados en forma general placer, que son productos de la erosión de los filones de oro, siendo aluviales o eluviales.

Cuando la erosión del yacimiento primario –vetas o mantos– tiene lugar en el mismo lugar y sin transporte, el placer es eluvial, pero si hubo transporte por las aguas, se denomina aluvial. En estos depósitos, el oro se encuentra libre en forma de polvo, granos o pepitas.

En la región de la montaña de Paucartambo existen interesantes lavaderos de oro, siendo los más ricos, los ubicados al nor-nor-este de la población de Paucartambo, en las quebradas bañadas por los pequeños ríos que forman finalmente el Pilcapata.

El cuarzo aurífero se lograba extraer del subsuelo utilizando combos, cinceles y cuñas para romperlo en pequeños trozos y sacarlo a superficie, donde se le trituraba y luego en bateas se lavaba el producto eliminando el estéril, quedando solamente oro.

En los placeres o lavaderos de oro, el metal está mezclado con arena del río, en forma de polvo, de lentejuelas, incluso de pepitas; la operación consistía en lavar esta arena en una especie de bateas, con movimientos circulares para que los sedimentos ligeros se vayan eliminado, quedando en el fondo del recipiente una arena pesada, en la cual estaban las partículas de oro, que con un nuevo lavado se lograba obtener.

El oro es un metal que posee una alta densidad 19.28 g/cm³, razón por la cual, al desprenderse del cuarzo erosionado por el arrastre de las aguas, se logra depositar en el fondo del río o de las bateas al lavar los trozos triturados del cuarzo aurífero.

Es fácil distinguirlo por su color amarillo dorado, tan igual que su raya; es opaco con un brillo metálico y con una dureza de 2.5 a 3.0 en la escala de Mohs.

A veces puede confundirse por su color con la pirita, chalcopirita y algunas micas, sin embargo estos son menos pesados; es un metal que funde entre 1,064 ºC a 2,087 ºC.

Una importante propiedad del oro es su gran maleabilidad que permite se trabajado por simple martilleo, un gramo de oro puede ser transformado en una lámina de 10.7 micras y con una superficie de unos 1.50 metros cuadrados; es también dúctil, una propiedad que permite confeccionar hilos de hasta mil metros por un gramo de oro.

El oro es insoluble en los ácidos simples, con excepción del agua regia.

Tal vez fue el primer metal en ser utilizado por las sociedades prehispánicas que se desarrollaron en el territorio hoy peruano; fue trabajado ya hace unos 3,500 años, era un metal perfecto para la confección de joyas y de objetos de culto principalmente.

La última sociedad surgida en este continente antes de la invasión de los europeos, fue la de los incas, cuya procedencia es desconocida; por las leyendas que mencionan su arribo al Cusco, futura capital imperial, ellos tenían gran preferencia por el oro.

Para los incas, el sol era considerado su dios creador, siendo las partículas de oro, sus lágrimas que se habían solidificado al hacer contacto con la tierra, siendo entonces una materia sagrada para ellos, que debía estar bajo su poder político-religioso.  

Según las leyendas, al arribar los incas al Cusco, disponen edificar de inmediato a su dios un santuario denominado Coricancha, cercado de oro, pero sin precisar el lugar de la procedencia de este metal precioso; su primer gobernante Manco Cápac, al morir ordenó a su hijo sucesor Sinchi Roca, continuar la búsqueda de minas de oro.

¿Los incas tendrían sus orígenes en las cercanías de algún yacimiento aurífero? Mencionamos a cronistas, entre otros, que indagaron sobre el comienzo de los incas.

Pedro Cieza de León, que es considerado como el príncipe de los cronistas españoles por sus magníficas informaciones recogidas sobre los incas. En el Cusco contactó a muchos descendientes de Huayna Cápac y miembros de las panacas incas.

Juan de Betanzos, español experto en quechua, esposo de la ñusta Cuxirimay Ocllo, sobrina-nieta de Pachacútec y sobrina de Huayna Cápac, ambos gobernantes incas.

Cristóbal Vaca de Castro, español que dice haber obtenido información de los incas, principalmente de los quipucamayoc Callapiña y Supno, naturales de Pacaritambo.

Pedro Sarmiento de Gamboa, español que obtuvo informaciones proporcionadas por miembros de la dinastía inca, a solicitud del virrey Francisco de Toledo.  

Garcilaso de la Vega, nació en el Cusco, de padre español, su madre la ñusta Chimpo Ocllo, sobrina de Huayna Cápac y nieta de Túpac Inca Yupanqui, incas gobernantes; obtuvo de su tío abuelo Cusi Huallpa, datos sobre el origen de los incas.  

Juan de Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, nació en el actual Layo, distrito de Canchis, Cusco; de antepasados curacas aimaras de la región Collasuyo.

Anello Oliva, italiano que dice haber recibido de Catari, un anciano quipucamayoc de Cochabamba, información sobre la vida y el gobierno de los incas.

Bibliografía

Betanzos, Juan de. 1880. «Suma y Narración de los Incas». Imprenta de Manuel G. Hernández. Madrid, España.

Cieza de León, Pedro de. 1977. «El señorío de los incas». Editorial Universo, Lima, Perú.

Cobo, Bernabé, 1890. «Historia del nuevo mundo». Imp. de E. Rasco. Madrid, España.

Fuchs, Federico. 1933. «Descripción sumaria de los yacimientos auríferos peruanos». Extracto de la obra «El Oro en el Perú» Boletín de Minas, Industria y Construcciones. Lima, Perú.  

Oliva, Anello. 1998. «Historia del reino y provincias del Perú». Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, Perú.

Santa Cruz Pachacuti, Juan. 1927. «Relación de antigüedades deste reyno del Pirú». Colección de libros y documentos referentes a la historia del Perú. Imprenta y Librería Sanmartí y Cía. Lima, Perú.

Sarmiento de Gamboa, Pedro. 2001. «Historia de los incas». Miraguano Ediciones/Ediciones Polifemo. Madrid, España.

Vaca de Castro, Cristóbal. 1892. «Discurso sobre la descendencia y gobierno de los incas». Tipografía de Manuel G. Hernández. Madrid, España.

Vega, Garcilaso de la. 1998. «Comentarios reales de los incas». Editorial Porrúa. México D.F., México.


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