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ENTRE ELECCIONES Y PROTESTAS: RIESGO POLÍTICO EN 2021

Por: Nicolás Urrutia, director asociado, Control Risks.


La turbulencia política y social que marcó al Perú en 2020 pondrá a prueba la tolerancia al riesgo de las compañías mineras en 2021. Desde finales de los 90’ los inversionistas internacionales en el sector minero del país habían operado bajo la tesis de que los ires y venires en la Casa de Pizarro tenían poco impacto en el entorno de los negocios. Sin embargo, la vacancia de Martin Vizcarra, la semana en el poder de Manuel Merino y el frágil gobierno de transición de Francisco Sagasti han obligado a comités de riesgo y directorios corporativos a revaluar el perfil de riesgo del Perú en el corto plazo.

La vacancia de Vizcarra tomó al mundo financiero por sorpresa. Para analistas internacionales era muy improbable que un Congreso altamente impopular sacara de la presidencia a un mandatario históricamente popular, aún menos a pocos meses del final de su gobierno y en medio de un estado de emergencia sin precedentes en la historia moderna del país. En este contexto, la salida de Vizcarra cayó como un baldazo de agua fría, y activó comités de crisis desde Lima hasta Melbourne.

La salida de Vizcarra era apenas uno de los factores de preocupación. La llegada de Merino a la jefatura del Estado causó gran inquietud, dada su trayectoria como presidente del Congreso. Desde el inicio de la pandemia el legislativo peruano se destacó por promover iniciativas populistas, que han socavado la confianza de los inversionistas extranjeros en la estabilidad de las reglas de juego en Perú. Proyectos de ley como la suspensión del pago de peajes, los retiros del sistema de pensiones y la fijación de topes a las tasas de interés, alimentaron las preocupaciones del empresariado peruano e internacional. Desde su perspectiva, el Congreso liderado por Merino ha pretendido desmontar a pasos acelerados el entorno regulatorio y las protecciones a inversionistas que han apuntalado el crecimiento económico del país durante las últimas tres décadas.

El nombramiento de Sagasti devolvió cierto grado de tranquilidad, tanto a la sociedad peruana como a los inversionistas internacionales. El perfil tecnocrático y centrista del nuevo presidente fue interpretado como una garantía de prudencia en el manejo económico del país, y de continuidad en la postura amigable del Perú hacia la inversión extranjera. Sin embargo, luego de dos meses en el cargo, la fragilidad del gobierno de Sagasti se ha hecho evidente, y el poco tiempo que le resta a la administración causa inquietudes sobre lo que ocurrirá tras las elecciones.

La agitación social del país también ha llamado la atención. Aunque el Perú no experimentó una ola de protestas a gran escala como las que se vivieron en Chile, Ecuador y Colombia en 2019, las multitudinarias movilizaciones, luego de la vacancia de Vizcarra, no pasaron desapercibidas entre inversionistas y empresas del sector minero. Pocas semanas más tarde, las protestas de los trabajadores agrarios reforzaron la percepción de que existe un riesgo latente de un estallido social en el país.

En este contexto, los ojos están puestos sobre las elecciones del 2021, tanto a nivel presidencial como en términos de la configuración del próximo Congreso. Aunque persiste una alta incertidumbre sobre cuál de los candidatos llegará a ser presidente del Perú, es altamente probable que el ganador se encuentre con un Parlamento comparable al actual Legislativo: fragmentado y con tendencias populistas.

En este escenario, el próximo gobierno puede adolecer de las mismas dificultades que enfrentó Vizcarra y que está enfrentando Sagasti para implementar una agenda ambiciosa, que genere incentivos y tranquilidad para la inversión extranjera.

A pesar de esta compleja realidad política y social del Perú en el corto plazo, Control Risks considera que las empresas e inversionistas que implementen programas adecuados de gestión de riesgo político, social y de seguridad podrán seguir operando de manera efectiva y rentable. La experiencia global de varias de las principales empresas mineras que operan en el país, aunada a la resiliencia de su talento local, ayudarán a sortear varios de los principales retos operacionales que depara el 2021. En este sentido, si bien la turbulencia del país afectará al sector en los próximos meses, en el mediano y largo plazo las perspectivas de la minería peruana siguen siendo positivas.

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